por Ariel Fleischer
Conrado Nalé Roxlo (1898-1971) y Raúl González Tuñón (1905-1974), dos de los principales poetas de la generación martinfierrista , se conocieron en los primeros años de la década de 1920. Según el testimonio de Tuñón el primer encuentro se produjo en el Café de La Puñalada , ubicado en las calles Rivadavia y Libertad: “No sé por qué se llamó de La Puñalada , si nunca corría sangre y sólo iba gente inofensiva como cocheros, que en ese entonces había muchos en Buenos Aires, canillitas, choferes, poetas, poetas en cierne, caricaturistas ambulantes como Jimeno. Era un café espeso, lleno de humo y yo tenía la pinta que puede tener ahora un chico de veinte: pelo largo, patillas y usaba corbatita voladora estilo Lavallipere porque pensaba que me daba pinta de inteligente. En eso ese abre la puerta y aparece Nalé Roxlo con anteojos y bastón. Yo lo conocía por foto y había leído su famoso soneto “El grillo”, y otros poemas de él. Jimeno era amigo de Nalé, se saludaron y se acercó a la mesa y me dijo ¿vos escribís versos? Por mi pinta, me lo dijo. Yo con cierto temor, después de lo que me había pasado con Calou, le dije sí, pero con timidez. Decíme alguno, acotó, y yo le dije “Sinfonía en rojo y negro”, que apareció después en El violín del diablo y que se lo dedico, porque me hizo mucho bien con sus palabras. “Está muy bien, seguí escribiendo”. Y por ese consejo es que ahora sigo abrumando a la gente con poemas”.
Allí es donde se conocieron los dos poetas, quienes escribirían —años mas tarde— en Crítica así como también en el periódico vanguardista Martín Fierro . Con este grupo compartirían todas las reuniones vinculadas a la literatura, estableciendo un fuerte lazo de amistad.
Una interesante anécdota de aquellos años vincula aún más a los amigos. En 1924 Nalé viajó a la provincia de La Rioja. Consiguió a través de Natalio Botana, director de Crítica , un puesto en la intervención federal dictada por el gobierno de Alvear. Por entonces, González Tuñón viajaba por algunas provincias del interior del país: primero Santa Fe, luego Córdoba y finalmente La Rioja. “Estaba sentado en un banco de la plaza, cuando había acequías alrededor, mirando el monte Velazco y en eso veo providencialmente venir a Conrado Nalé Roxlo. (...) Cuando Nalé me ve, me dice: ¿qué hacés acá? No sé, le respondí y me llevó a su pensión. Ahí estuve cuatro días hasta que conseguí trabajo en un semanario y lo liberé. Pero la primera noche, desde un colchón que él me hizo poner en su cuarto, le leí veinte poemas, lo abrumé”. “Traía muchos poemas nuevos —contó para un reportaje Nalé—. Raúl siguió siempre el consejo de Darío: la primera ley, creador, crear. Bufe el eunuco y cuando una Musa te dé un hijo, queden las otras ocho en cinta”. A raíz de esto, el sulforoso humor de Nalé concibió un irónico ovillejo recogido mas tarde por el periódico Martín Fierro :
De versos trajo un baúl / Raúl;
Los trajo para mis males / González;
¡Ya me ha leído un montón / Tuñón!
¡Que se te lleve un ciclón
Tus versos, hoja por hoja
Lo mas lejos de La Rioja
Raúl González Tuñón!
Los años veinte terminaron y el mundo volvió a sacudirse. El ascenso de los fascismos europeos y los continuos golpes militares en latinoamérica marcaron la nueva época. La Argentina atravesó lo que se dio en llamar “la década infame”, un período gobernado por militares que “triunfaban” en elecciones mediante el fraude. Estos años dejaron de lado la militancia vanguardista y profundizaron el compromiso de algunos intelectuales con los sectores populares. Allí encontrábamos a González Tuñón. Nalé, si bien menos involucrado, también perteneció al sector de la oposición al régimen ya que la década del 30' no dejó lugar para la neutralidad. Todos los intelectuales se posicionaron ante los fascismos: los más, lo repudiaron; los menos, lo exaltaron. Y si unos apoyaron a Mussolini y a Hitler, otros vieron en la República Española la nueva forma de la libertad.
Un nuevo hecho reafirmó las relaciones entre los intelectuales argentinos y los españoles. El 12 de octubre de 1933 llegó a Buenos Aires Federico García Lorca. Todo el ambiente cultural de la ciudad se aprestó a recibir al poeta, dueño de un don de gentes que cautivaba. La noche siguiente de su llegada, García Lorca asistió a una cena en su homenaje que le brindaron el escritor Pablo Rojas Paz y su esposa Sara Tornú. Allí conoció a Pablo Neruda, Oliverio Girondo, a su mujer Norah Lange, al poeta Amado Villar, a Conrado Nalé Roxlo y a Raúl González Tuñón, de quienes no se separó hasta finalizar su estadía meses más tarde, según lo testimonian las fotografías en las que en cada acto donde aparece Lorca todo este grupo lo acompaña. A partir de esta reunión García Lorca estrecharía amistad con Neruda y González Tuñón, según lo deja ver éste último: “Volvimos a vernos en casa del querido matrimonio Rojas Paz, una noche en que Federico improvisó, en el piano, retratos musicales interpretando rasgos del temperamento de varios de los asistentes a la reunión. Algo fantástico: a través de ligeros compases, al retratar a Neruda, por ejemplo, sugirió la grave sugestión de algunos poemas de Residencia en la tierra , así como, en mi caso, mezcló a un ritmo adecuado a mis fantasías, y como jugando con las teclas, la clásica tonada de “ La Internacional ”. Y esa noche yo aún no sospechaba que pronto iba a establecerse entre los tres una firme amistad, quebrada, en el caso de Federico, por el crimen”.
En 1935 González Tuñón partió de viaje junto a su mujer, Amparo Mom, a España. Su compromiso político lo vinculó a la República. Allí se reencontró con Lorca y con todos sus otros amigos poetas: “Conocimos a García Lorca, el poeta más personal, el escritor más completo de su promoción, en Buenos Aires, cuando vino a presentar aquí La zapatera prodigiosa y Bodas de sangre . Volvimos a encontrarlo en Madrid, en 1935; allí se estableció una más estrecha amistad. Yo fui uno de los asiduos parroquianos de la Cervecería de Correos, donde él presidía con su luminoso ingenio una peña de escritores y artistas ciertamente singular, ya evocada por mí en otras páginas. Casi a diario le vimos hasta el día en que organizó para nosotros un banquete memorable de despedida en la calle de la Luna. (...) No sospechábamos que estábamos viviendo entonces las vísperas de la muerte del querido amigo”.
En 1935 Pablo Neruda, entonces cónsul en Barcelona fue trasladado a Madrid, lo que lo llevó a frecuentar mas asiduamente al grupo de poetas que se reunían en la Cervecería de Correos, donde se reencontró con García Lorca y González Tuñón. La poesía absorbió los recuerdos de su estancia entre los poetas como una constante. Impresionado por la experiencia de la guerra civil, tras el asesinato de Lorca, compuso España en el corazón , donde escribió unos famosos versos dedicados a los amigos: “Mi casa era llamada // la casa de las flores, porque por todas partes // estallaban geranios: era // una bella casa // con perros y chiquillos. // Raúl, te acuerdas? // Te acuerdas, Federico? // Federico, te acuerdas // debajo de la tierra, // te acuerdas de mi casa con balcones donde // la luz de junio ahogaba flores en tu boca?”.
La carta que hoy reproducimos, escrita por González Tuñón y destinada a Conrado Nalé Roxlo, permaneció inédita durante 70 años. Es un testimonio de las impresiones del segundo viaje de Tuñón a España, cercano a las vísperas de la guerra civil, y de las relaciones de amistad del grupo de poetas que se conoció en Buenos Aires: Neruda, Lorca, González Tuñón y Nalé Roxlo. Su publicación permitirá aportar a la reconstrucción de una época de sueños y luchas tristemente olvidadas.
Agradezco con mi más profunda gratitud y amistad a Tomás Martín Grondona, fino e inquieto espíritu, el permitirme reproducir esta carta.
MI QUERIDO CONRADO: Madrid! Al fin! Te diré que conozco casi toda la Argentina , buena parte de Sud América; que he estado cerca de un año en Francia y que conozco “por lecturas”, el resto del mundo. Bien. No creo, que ahora, hoy, exista un país más interesante para nosotros, poetas, que España. Otros países viven. Otros países mueren. Este país vive y muere al mismo tiempo. Sevilla es maravillosa y más maravillosa Toledo donde todo está vivo y todo está muerto. Donde la gente —contra lo que sucede en Francia e Italia— pasa por sus ruinas, por su grandeza acabada, por sus reliquias históricas, con desenvoltura, tanta, que uno se avergüenza del poco turista que lleva adentro. A pesar de los guardias de asalto, de las tremendas injusticias que se cometen aquí, como en todas partes, España tiene un color distinto , un clima distinto y de la lucha entre lo sombrío de Felipe II y lo luminoso de los árabes —que perdura en el alma de los españoles— surge algo, ha de surgir algo que no será Europa ni África ni América sino simplemente España. La vida y la muerte, y la sangre, que es la frontera, se ven mas de cerca en España que en ninguna otra parte.
Madrid tiene una parte nueva y una parte vieja. Prefiero la vieja con sus tabernas y sus calles del Pozo, de la Luna , del Barco, sus arcadas y sus plazuelas, su vino oloroso y dorado. Qué noches. Qué madrugadas. Qué gusto vivir, y hasta sufrir, aquí, en una ciudad con tabernas y lunas a cada paso.
Perez Mariluz, Neruda, Federico, Ramón, Biliken Muñiz, Oliveski, Blanco Amor, Arteche, amigos de antes y de hoy, son de lo más cariñosos con nosotros. Neruda, Delia del Carril, Cotapos, y la barra de la Cervecería de Correos, —Ugarte, Federico, Maruja Mayo y muchos otros (Alberti está en Cuba)— nos han recibido con mas cordialidad que la que imaginábamos. Neruda está mas afectuoso, mas confidencial, mas amigo. Nos ha dado grandes pruebas. Federico entusiasta y, como Neruda, recordándolos a todos ustedes a cada rato. Sé por mucha gente que Federico ha dicho aquí que tú eras el hombre de más ingenio que él había conocido en su vida. Y yo lo creo así.
“Ciudad” es una revista semanal que hacen Oliveski, Arteche, Blanco Amor, Perez Mariluz, Biliken y a la que me he incorporado con un gran saludo de presentación, notas mías, volantes por las calles que hablan del “ilustre periodista” y el “gran poeta argentino” y otras mentiras amables. Yo les agradezco mucho porque “Ciudad”, además de refugio, será para mí un puente. No sé adonde llegaré. No sé si publicaré un libro, estrenaré un pieza teatral, etc., pero aunque no haga nada ni nunca llegue a interesar en Madrid, jamás olvidaré la acogida generosa de “Ciudad”.
Hay una gran confusión política. Atmósfera de temores y venganzas. Muchos fósiles. Muchos jóvenes notables. Una inmensa inquietud. Un tronco madre al que deberíamos agarrarnos nosotros, que, ciertamente, somos españoles de América. Creo que la veleta señala hacia acá. Ellos nos aceptan con nuestra impetuosidad, nuestra juventud, nuestras nuevas palabras y nosotros recibimos de ellos un viento denso, torres y pozos, vino y lunas, y en el cruce de los ríos misteriosos de la raza, de la sangre, nuestro espíritu es el mismo. Yo no me siento en Europa, no. Me siento en España, en nuestra casa, en nuestra gran casona, en la matriz, de la que somos la primer sucursal. No quiero decirte con esto que dependemos cien por cien de “Madrid, meridiano espiritual”, pero sí que aquí tenemos derecho a opinar, a servirnos de lo que nos guste, porque nunca seremos forasteros. Es decir, lo somos solo para sentir una cordialidad que los españoles no se suelen gastar entre ellos.
El pobre Enrique ha sufrido mucho con Nara, que ha estado gravísima. Ahora anda bien. Amparo muy contenta, aunque con frecuentes ataques de nostalgia. Yo, nervioso, ávido, pero aparentemente tranquilo como si algo estuviera madurando en mí. La vida como en Buenos Aires, ni mas barata ni mas cara. Escribo unas notículas para la Andi , pero me cuestan mucho trabajo. Tan distraído estoy con lo que me rodea.
Te escribiré con frecuencia, aunque no me contestes. Olvidaba decirte que Ramón y Luisa, Guillermo de Torre y Norah, también nos recibieron muy cariñosamente. Todos te mandan saludos y Amparo y yo un inmenso abrazo y otros para Teresita, Rosita y las chicas. Escríbeme a —Redacción de CIUDAD. Palacio de la Prensa —. ¡Te esperamos! ¡Sería lo mejor que podría ocurrir! ¡Decídete!
Raúl
Madrid. Abril 19. [1935]
Salas, Horacio: Conversaciones con Raúl González Tuñón . Bs. Aires, Ediciones La Bastilla , 1975. (Págs. 27-28).
Lacau, María H.: Tiempo y vida de Conrado Nalé Roxlo. Entre el ángel y el duende. Bs. Aires, Editorial Plus Ultra, 1976. (Pág. 203).
Martín Fierro. Periódico quincenal de arte y crítica libre. (Bs. Aires), Segunda época, Año II, nro. 21, agosto 28 de 1925.
Testimonio de Raúl González Tuñón. En “Pablo y Federico”, en Crisis , Año 1, nro. 4, agosto de 1973. (Pág. 38).
González Tuñón, Raúl: La literatura resplandeciente. Bs. Aires, Editorial Boedo-Silbalba, 1976. (Pág. 127).