lunes, 28 de julio de 2008

Érase ... un no lugar


por Mariana Kozodij


_¿Y donde está esa ínsula?-preguntó Ricote

_¿Adónde?- respondió Sancho-. Dos leguas de aquí y se la llama la ínsula Barataria.

_Calla, Sancho- dijo Ricote-, que las ínsulas están allá dentro de la mar; que no hay ínsulas en la tierra firme.”

Miguel de Cervantes

Sinuosos ríos de leche bajan por las montañas de azúcar, queso y miel. Ciudades donde la propiedad privada no existe, donde la fuerza de trabajo no está a la venta. Ciudades donde Dios es supremo y ley. Países donde se duermen ocho horas, se trabajan seis y se dedican al ocio diez. Islas repletas de comida, música y felicidad, donde correponde “a cada uno según sus necesidades, de cada uno según sus capacidades”.

El término utopía deriva de las palabras griegas ou (no) y tópos (lugar), una visón que se despliega particularmente entre lo real y lo irreal. Se considera al político y humanista inglés Tomás Moro el autor del término. Moro, quien soñó y escribió Utopía en 1516, imaginó a la isla como la tierra de la sabia organización social, idea que si bien sufrió numerosos cambios a lo largo de la historia del hombre, siempre se basó en la búsqueda de un sistema de vida mejor.

Acercarse a comprender el mundo de las utopías -ya que cuando se adentra uno en el mismo, es imposible dejar de pensarlas en plural- implica acercarse a marcar diferencias, similitudes y continuidades. Y estas se envuelven en lo propio de cada una de las visiones representadas por lo mítico, lo escatológico y lo debidamente utópico.

Siguiendo el pensamiento de Adriano Tilgher, el mito contrapone a lo real un pasado irreal, es decir, se trata de una “nostalgia idealizada”, generalmente de tradición oral, que expresa su propia imposibilidad objetiva en cuanto al presente desde el que se narra. Sin embargo puede decirse que el mito es subjetivamente verdadero y que se relata a un pueblo con una función sagrada.

La escatología, por el contrario, contrapone a lo real un futuro irreal, más allá del accionar del hombre, dependiendo ese futuro de las decisiones de las divinidades en las que se cree. La supervivencia de la idea de un alma (u otra noción similar), a la muerte corporal es condición necesaria pero no suficiente para fundar una escatología, en la cual sí resulta imprescindible la separación entre los vivos y los muertos. A raíz de esta separación los lugares ultramundanos destinados al gozo o al sufrimiento, dependiendo de las culpas o los méritos, son un complemento fundamental.

Si en la diferencia, el mito esta gobernado por el recuerdo, y la escatología por la esperanza de encontrar un nuevo mundo y mejor; en la continuidad de las similitudes lo real presente se resquebraja para desmaterializarse en la irrealidad de un pasado (mito) o de un futuro (escatología), ambos diferentes al presente que corre bajo los pies de quien lo vive.

En cambio en lo que concierne a la utopía, el irreal al que se aspira o el que se desea encontrar en un no lugar, esta fuera del tiempo presente. Pero, sin caer en la paradoja, la irrealidad utópica se contrapone al mismo. Lo que se busca al utopizar es la modificación del tiempo presente, pero sin la marca de las agujas de un tiempo.

Es decir, a diferencia de lo que ocurre en lo mítico o lo escatológico, no se desmaterializa el presente para dar cuenta de otras dimensiones temporales sino que directamente se borra al tiempo y en su ausencia se hace más incisiva la crítica sobre la propia realidad en la que se vive.

Como se ha señalado existen diferencias entre el mito, la escatología y la utopía pero paralelamente hay continuidades principalmente desde el brebaje que esta última hace sobre los dos primeros términos.

Desde lo mítico y desde numerosas cosmogonías, se supone que existió una época donde el hombre vivía en paz y felicidad.

El poeta griego Hesíodo , describió que, con anterioridad a la existencia actual, se desarrollaron otras eras, cada una de ellas menos perfectas con relación a la primera considerada como la Edad de Oro . En aquella etapa, “los hombres vivían como dioses, sin penas en el corazón, alejados y liberados del trabajo y del dolor. La miseria no los amenazaba y, con brazos y piernas que no desfallecían nunca, vivían en una alegre fiesta más allá del alcance de todo mal. Morían como vencidos por el sueño, y la tierra fructífera les ofrecía abundante alimento sin límites. Vivían cómodamente y en paz en sus tierras, eran ricos en ganados y amados por los benditos dioses” . Pero según el mito, un día Pandora abrió la tapa de su caja repleta de males y estos se desperdigaron sobre la Tierra; de esta manera se cerró la etapa de oro para pasar a una menos perfecta conocida como la Edad de Plata , seguida por la de Cobre , luego por la de los Héroes y finalmente por la del Hierro.

El arquetipo de la Edad de Oro se encuentra no sólo en la base de numerosos mitos sino que también es retomada por la escatología, por ejemplo en la idea del reino de los cielos donde todo es paz y alegría para aquellos bienaventurados merecedores de la vida eterna. También es la Edad de Oro, la base imaginativa del pensamiento utópico.

Desde las utopías meditadas como son las de Platón, Tomás Moro, Morris o Bellamy hasta las más populares como lo eran las tierras de Jauja o de Cucaña , la idea de un paraíso es común. La utopía “tradicional”, por decirlo de alguna manera, es la de una isla donde un grupo de seres humanos es feliz en armonía con la naturaleza, la propia vida y la de los demás.

Esta idea de “isla de la felicidad” a medida que el hombre fue avanzando científicamente, la isla fue sustituida por otro planeta o por una época futura dentro de las bases sentadas por la ciencia ficción y la realidad tecnológica.

Como hipótesis preliminar y en consideración de lo comentado hasta el momento podría caerse en el facilismo de creer que las utopías representan un mero escapismo a la propia realidad. Cuando en realidad se tratan de propuestas ideales de sociedad, de sistemas de vida, de autorrealizaciones; todos proyectos que nacen de la crítica del presente, en busca de lo diferente y mejor.

Y por que no utopías como deseos de llenar el estómago…

“Todo abunda allí y es una perenne edad de oro. Las vacas tiene tanta leche que llenan estanques(…) el vino surge de la tierra aborbotones, y, si se busca bien se hallarán arroyos de whisky y de cerveza negra” .

NOTAS

Siendo la escatología un núcleo de creencias y doctrinas relativas al destino último de la humanidad y del mundo, las religiones consideradas como “de salvación” entran dentro de esta conceptualización. Entre estas religiones se puede considerar los misterios de la antigüedad grecorromana y las grandes religiones vivas: el budismo, el islamismo y el cristianismo.

Su vida se extendió entre los siglos VIII y VII a. de JC. en su “aldea salvaje” dedicado al cultivo de una pequeña finca. Hesíodo es considerado el padre de la poesía didáctica occidental. Se le atribuyen numerosas obras entre las que se destacan Teogonía , Los trabajos y los días , y El escudo de Hércules (que en realidad no le pertenece). Su prosa es comparada en importancia a la de Homero.

Se trata de un fragmento de historias irlandesas sobre el país donde “nadie tiene hambre”

BIBLIOGRAFIA

Carandell, José María: “Las utopías”, SALVAT EDIT., Barcelona, 1973

Diccionario de la Real Academia Española