lunes, 28 de julio de 2008

EL CADÁVER EXQUISITO: Narrar a Eva Perón


por Jorge Hardmeier


Argentina posee una larga y rica tradición necrofílica. El extremo de la necrofilia como pasión nacional lo constituyó la muerte de Eva Perón, en 1952: setecientas mil personas aguardaron días bajo la lluvia de Buenos Aires para besarla por última vez. Sin embargo, Evita no descansaría en paz. Robado su cadáver por los militares golpistas, fue una de las causas por las cuales Montoneros juzgaron y ajusticiaron a Pedro Eugenio Aramburu, responsable, junto al Almirante Rojas, de la desaparición del cuerpo de la esposa de Juan Domingo Perón y de los fusilamientos, en 1956, de José León Suárez. En 1971 el gobierno de Lanusse entregó a Perón el cuerpo de su esposa, en Puerta de Hierro. En 1974, Isabel, la segunda esposa del General, inauguró, junto a López Rega (responsable – junto a los militares golpistas del 76' – de esa marca registrada nacional en cuanto a manipulación de cuerpos: los desaparecidos) el Altar de la Patria, panteón destinado a los restos de Eva. Luego se sumarían otros cadáveres famosos, entre ellos el de Aramburu - contraparte política del cuerpo de Eva - que ya había sido restituido por Montoneros. Esta tradición necrofílica es un signo de identidad, una oscura y extraña pasión argentina. Los cadáveres son utilizados como armas políticas. Así como el poder manipula los cuerpos de los ciudadanos, también se ocupa de manipular sus restos. Esto se refleja, claro, en nuestra literatura. Entre otros textos, dos cuentos se ocuparon, desde ópticas y estéticas bien distintas, del más exquisito de esos cadáveres, el de Eva Perón: “Esa mujer”, de Rodolfo Walsh y “Evita vive”, de Néstor Perlongher.

1 - “Esa mujer” (1965) resume todas las disyuntivas estéticas e ideológicas de Walsh. El narrador intenta averiguar dónde está el cadáver de una mujer y para ello confronta con un coronel que ha sido parte en el ocultamiento del cadáver. Ideológicamente, el cuento simboliza las búsquedas políticas de Walsh: para hacer la revolución el atajo es el peronismo. El cuerpo de Evita, de alto contenido simbólico, representa el camino que lleva del peronismo a la revolución. Intelectualmente, el narrador está mucho más cerca de su interlocutor militar que del pueblo al que hay que llegar para que la revolución sea posible. Tanto para el coronel como para el narrador las masas populares son lo otro. En el cuento, Eva Perón jamás es nombrada: está aludida. Lo más importante de una historia no debe ser nombrado. Lo que el narrador busca – lo otro, lo popular, simbolizado en el cadáver de esa mujer – no debe ser nombrado. Y la alusión forma parte de la tradición a la que Walsh pertenecía y que le provocaba tantas contradicciones: era un revolucionario, políticamente, pero poseía una tradición literaria burguesa, la de Borges. Por un lado, en sus decisiones políticas, Walsh optó por los tres demonios del pensamiento borgeano: el pueblo, la izquierda y el peronismo. Por otro lado, en tanto escritor, respondía a la tradición de Borges: su fuerte era el cuento, su mayor arma la frase breve, su literatura de referencia la inglesa y la norteamericana, es decir: los colonialistas y el imperio contra los cuales luchaba. Si la intervención política de un escritor se define, antes que nada, por su confrontación con los usos oficiales del lenguaje, en “Esa mujer” Walsh es un escritor fuertemente ligado a la tradición y esto más allá de la repercusión que ha alcanzado el cuento, debido al tema que aborda. Si ser un escritor revolucionario es atacar el uso oficial de la lengua, la lengua madre, debemos remitirnos a “Evita vive” (1975) de Perlongher. En los tres relatos que lo conforman se refleja la insurrección política, ética y estética de este poeta. Perlongher no era un revolucionario típico a lo Walsh: era un agitador, un ser abocado a la deriva constante, un pensador y un activista del exceso. Militó en grupos trotskistas, durante la década del setenta, y se alejó por no pronunciarse éstos a favor de la causa homosexual. Era un militante de su propio deseo, un ácrata, un emboscado que salía de su refugio para realizar ataques a la oficialidad moral, política y literaria. En “Evita vive” utiliza adjetivaciones bajas y grotescas para referirse a Eva: la lumpeniza, la rodea de seres marginales, la lleva hasta los lugares más bajos y, a la vez, se refiere a ella como a una reina. La mixtura de códigos es desenfrenada: consignas políticas, lenguaje de las maricas, frases poéticas, argot de la droga, giros lingüísticos marginales. Lo más alto y lo más bajo conviven. Pues, justamente, en la figura de Eva Perón, esos matices convivían: lo popular y lo suntuoso, la actriz menor y la líder de un movimiento político nacional. Si para Walsh, como para Borges, el mundo existe para acabar en un texto, en Perlongher el texto es un cuerpo: cuerpo tajeado, sodomizado, penetrado. Este exceso en el lenguaje asociaba a Perlongher con el Neobarroco americano; pero como era un poeta inclasificable, trataba de autodefinirse y denominaba a su escritura neobarroso o barroco de trinchera: escritura del exceso, del derroche, de la proliferación. En las antípodas del compromiso político de Walsh que, como revolucionario, integraba la muerte a su proyecto político, Perlongher experimentó los límites, la intensidad, dentro de la vida, siendo la muerte lo otro, lo absoluto inexplicable. Esa búsqueda incesante de intensidad fue abortada por el SIDA. Falleció en 1992, en Sao Paulo. Walsh, consecuente con su espíritu revolucionario, murió en un enfrentamiento, en 1977, frente a los asesinos de la dictadura. Antes alcanzó a divulgar su “Carta abierta de un escritor a la Junta Militar”, en la cual se reivindicaba, en un gesto último, como escritor.

2 - Walsh fue un marxista pasado, como tantos, a los dominios del peronismo para ejercer la búsqueda revolucionaria. Al momento de escribir “Esa mujer” estaba en su búsqueda, como revolucionario, de lo popular. El cuento puede ser leído como una alegoría que anticipa su elección del peronismo como coartada hacia la revolución. Si Evita viviera sería Montonera. Y Walsh pasó a formar parte de Montoneros. En “Esa mujer” Eva simboliza lo que es en el imaginario popular: la santa de los pobres, la diosa de los grasas : Llamé a unos obreros que había por ahí (...) Para ellos era una diosa. El hallazgo del cadáver de esa diosa acercaría al narrador a esos obreros, al pueblo. Evita es lo lejano, lo inalcanzable, el amor popular. Quizá es tan lejano como un posible triunfo de la revolución. Escribió, Walsh: me paso al campo del pueblo pero no creo que vamos a ganar, en vida mía, por lo menos. ¡En vida mía! Al finalizar el cuento, el coronel dice: Esa mujer es mía. Este país es mío. El símbolo de lo popular, por la fuerza, es mío. Perlongher trata a la figura de Eva de modo bien distinto, aparte de nombrarla explícitamente. Es un amor distante, tal como era su actitud ante el peronismo. El universo Perlongher está poblado de mujeres y locas marginales y entre ellas reinó Eva Perón. Eva es la puta madre que entrega su cuerpo y su alma al pueblo. Más que lamentarse o santificarla por esto, Perlongher la hace participar de los goces y vicios más perversos a los que el pueblo se entrega: el sexo, lo obsceno, la droga. Ella era una puta ladina. Si Evita viviera legalizaría la marihuana para que los pobres sean más felices . Lo que conecta a Perlongher con Walsh es la mirada del peronismo como atajo que había que tomar, en la década del setenta, para hacer la revolución. Pero si Walsh decide, finalmente, tomar ese atajo, Perlongher decide que, de tomar ese pasillo , las consecuencias serán nefastas, más allá de la fascinación que le provocan lo popular, lo chongueril , que forma parte del peronismo de base. Esas consecuencias que podrían llegar a ser horrorosas, pudo comprobarlas: como miembro del Frente de Liberación Homosexual, se entrevistó con abogados peronistas revolucionarios para pedirles que derogaran las disposiciones antihomosexuales. Le contestaron que cuando tomaran el poder iba a haber establecimientos especiales para nuestra reeducación. Perlongher desea minar los códigos impuestos por el poder y el estado, cuya matriz simbólica está conformada, también, por la ideología peronista: de casa al trabajo y del trabajo a casa, es lo opuesto a la visión de Perlongher cuya vivencia es la deriva, el contacto con los márgenes, el nomadismo. Evita simboliza el deseo colectivo y el mito de la eterna promesa de felicidad para los pobres; por eso baja del Cielo y otorga placer y drogas, eso que hace que sus grasitas estén felices: ella quería repartirle un lote de marihuana a cada pobre para que todos los humildes andaran superbien. Evita baja del Cielo, en cuerpo y alma, pues el cuerpo es el agente donde se realizan las fuerzas del deseo. Evita entrega su cuerpo para otorgarle placer al pueblo. En una actitud cercana a la santidad se entrega, como una puta. Se pone de manifiesto la ambivalencia de lo popular: el pueblo como soberano y como cuerpo abyecto. Eva simboliza esa ambivalencia: siendo del pueblo se identificó con el poder, con el orden soberano. La ambivalencia de Evita, puta y santa, es la ambivalencia de lo popular.

3 - En el cuento de Walsh se hacen manifiestos los componentes de Evita como santa: para ellos era una diosa. Una diosa: Santa Evita, muerta y desnuda, una versión femenina de Cristo. Surgen los aspectos más extremos de la necrofilia argentina: Estaba enamorado del cadáver, la tocaba. Una alta carga de erotismo centrada en un cadáver: la pulsión de muerte, el no ser de la sociedad argentina. Una diosa desnuda y muerta. La necrofilia nacional, las luchas por el poder – que incluye el manejo de los cuerpos y de las mentes y de la sexualidad – simbolizadas por la posesión de un cadáver – símbolo de lo popular, es decir: sobre aquellos sobre los cuales el poder se ejerce, manipulando sus mentes y sus cuerpos. Los obreros se desmayan cuando deben dar sepultura a su reina. Para ellos es una diosa inalcanzable. ¿Habrá querido simbolizar Walsh, con esta imagen, que el pueblo no estaba preparado para la revolución? Si en “Esa mujer” Evita emerge como una santa, en “Evita vive” es una puta: Hubieras visto cómo se excitaba cuando le metí el dedo bajo la trusa. Y si Evita se relaciona con marginales es porque es en los márgenes, para Perlongher, donde se producen las experiencias vitales de lo popular y el cuerpo es el vehículo para llevar a cabo tales experiencias. Evita regresa al Cielo con su cuerpo: se combinan la eternidad de su símbolo y la caducidad de su carne . Permanecen, como restos simbólicos, extensiones de su cuerpo: un collar, un pañuelito bordado con su nombre. Ante la falta de muerte de Eva como símbolo, cuando su cuerpo se corre de los márgenes, permanecen esos objetos, como residuo de su carne.

4 - Las normas del arte que he aceptado son burguesas, escribe Walsh. Conflicto: quiere escribir para el pueblo, como le susurra su espíritu revolucionario, pero las formas que practica son burguesas. El salto estético que se plantea coincide con el salto político que se planteaban las revoluciones setentistas: pasar de un régimen aristócrata o semifeudal a uno proletario, salteándose la etapa burguesa. Esa búsqueda de lo popular - simbolizado en el cadáver de Eva - comenzó en 1956 cuando investigó los fusilamientos de José León Suárez. Resultado: “Operación masacre”, anticipo de las novelas de no fiction . Walsh escribió “Esa mujer” entre 1961 y 1964, plena época de sus búsquedas revolucionarias, y decide pasarse al campo del peronismo; esto lo llevó a Montoneros, grupo armado con algunas ideas reaccionarias en el campo de lo social y del deseo: sus miembros estaban bajo un estricto control sexual y eran penados si tenían relaciones fuera de la pareja estable. Ante la soberbia de la conducción montonera, Walsh adoptaría una posición crítica y aconsejaría, al comenzar la dictadura, el repliegue. Si Walsh se decidió por el peronismo como vía hacia la revolución, Perlongher vio en ese movimiento algo con consecuencias indeseadas. Perlongher opta por la deriva y en “Evita vive”, justamente, Eva, deriva: un hotel del bajo, un conventillo, una esquina de reunión de locas y taxi boys. En los márgenes es donde es posible minar el poder estatal. El peronismo es el pasillo: no hay que entrar. La revolución armada peronista del setenta proponía, como la Revolución Cubana, un Hombre Nuevo, con H: homofóbico, reaccionario. Y Perlongher desea subvertir todos los sentidos, hacer estallar la identidad y esto debe darse en todos los campos: el político, el social, el económico y el sexual. Evita era tildada de loca por sus detractores, de mujer de malas costumbres. Perlongher extrema esa idea y la positiviza: Eva es reina entre las locas, víctimas de la represión y de la masculinidad símbolo del machismo político del Estado. Eva se planta ante la ley, ante la Policía guardiana de la ley: ahora me querés meter en cana cuando hace 22 años, sí, o 23, yo misma te llevé la bicicleta a tu casa para el pibe y vos eras un pobre conscripto de la cana, pelotudo. Perlongher sufrió, durante la dictadura, esta clase de persecución. Luego, emigró a Sao Paulo.