por Mario Tesler
Tras el fallecimiento de José Antonio Wilde, primer director de la Biblioteca Nacional, a los pocos días se le encomendó esa función a Paul Groussac. Nombrado por decreto presidencial del 19 de enero de 1885, Groussac se desempeñó en el cargo hasta su fallecimiento, ocurrido el 27 de junio de 1929. La malograda gestión de Wilde, que solo duró unos pocos meses, contribuyó a destacar aún más los cuarenta y cuatro años durante los cuales Groussac permaneció en la conducción del organismo.
Los primeros once años de su gestión Groussac los dedicó a diversas cuestiones que debió resolver, de lo cual parcialmente dio cuenta en la parte final del prefacio sobre la historia del organismo, con el cual acompañó, en 1893, el tomo primero del Catálogo metódico de la Biblioteca Nacional sobre ciencias y artes.
Pero en 1896, y todo hace pensar que era un deseo personal a satisfacer, Groussac diligenció ante el Ministro de Justicia e Instrucción Pública una autorización para darle a la Biblioteca Nacional una revista, dedicada a varias disciplinas y figurando en primer lugar la historia.
Con el empeño que lo caracterizó, más su buena llegada a los círculos del poder y su influencia en los representativos de la cultura, su nuevo objetivo fue posible. Inicialmente advirtió a los lectores que sería independiente: aunque subvencionada, nuestra publicación no tiene, pues, carácter oficial en forma alguna.
Entre el mes de junio de 1896 y el de abril de 1898 se editaron con mensual regularidad 24 voluminosos números de la revista La Biblioteca. Esta publicación fue costeada con los fondos del presupuesto nacional. Su desaparición fue lamentada, pero de ello es absolutamente responsable Groussac, al no tolerar la advertencia de que no debía utilizar una revista oficial para difundir sus textos personales agraviantes.
Siempre proclive a la censura, se sirvió de esta revista como medio para fiscalizar a literatos e historiadores. Al decir de Alejandro C. Eujanian, en el artículo sobre La Biblioteca publicado en 1997 por la Asociación Argentina de Editores de Revistas, Groussac se convitió en un “faro” que distribuyó a su antojo luces y sombras.
Una clasificación de los colaboradores con criterio generacional, en razón de su iniciación como autores, permitió a Ernesto J. A. Maeder, cuando en 1962 confeccionó el Indice general de La Biblioteca (1896-1898), afirmar que en La Biblioteca se dieron a conocer trabajos de cinco grupos diferentes de colaboradores, siendo de estos los más nutridos aquellos pertenecientes a las generaciones de 1880 y 1896. Pero no a todos Groussac los trató en sus presentaciones de igual manera. Llegó hasta rozar a uno de los autores más jóvenes con la humillación pública.
Esto no fue olvidado por Manuel Gálvez y lo rememoró en sus descarnadas pero sabrosas memorias, donde se ocupó de muchos -él mismo lo confiesa- con un poco de justiciero veneno, pero no tanto de sus obras como de las personas. En el primer tomo de sus Recuerdos de la vida literaria, dedicado a los Amigos y maestros de mi juventud, incluidos en 1971 por Gregorio Weinberg en la colección El pasado argentino, dice que todos los jóvenes lo admiraban por sus cualidades:
Y también por sus frases malignas. Todos recordábamos aquello que dijo del pobre Luis Berisso, en la semblanza que de él hiciera cuando colaboró en “La Biblioteca”: “Colabora en diarios y revistas. Es su característica. Está en vísperas de tener talento.”
Cuando en una oportunidad Jorge Luis Borges se refirió a los prólogos dijo de estos que pertenecen a un género elogioso, que se parecen menos a un juicio que a un brindis, o un saludo. En conversaciones con Roy Bartholomew y Antonio Carrizo, trasmitidas en el programa radial de éste último La vida y el canto durante 1979, luego publicadas en México con el título Borges el memorioso por el Fondo de Cultura Económica, encontramos este diálogo:
Borges.
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Se entiende que en un brindis tiene que haber algo efusivo, algo exagerado. Que el lector lo descuenta. En un prólogo también. Porque un prólogo no va a atacar el libro que prologa. O no va a censurarlo tampoco.
Bartholomew. Sería lindo escribir un libro de prólogos, en los que cada uno refuta un libro imaginario.
Borges . Bueno, podemos hacer eso.
Carrizo. O de prólogos en contra.
Bartholomew. Claro refutando.
Borges. Sí.
Bartholomew. Una demolición previa.
Borges. Recuerdo que Groussac, de algún modo, hacía eso. Porque Groussac, en los medallones de “La Biblioteca”, censuraba a los escritores cuyos textos había publicado. Por ejemplo, de Luis Berisso dijo: “Mucho puede esperarse de él. Es estudioso, es joven, y está a punto de tener talento”. (Sonríe).
Bartholomew. (Riendo). ¡Qué barbaridad!
Borges. Y eso lo publicó en el mismo número en que fue publicado un trabajo de Berisso. Rarísimo. Era una descortesía de Groussac, desde luego. Yo creo que sí. “Está a punto de tener talento” ...
Atemperando lo dicho, Borges agregó:
Después, cuando tuvo que reimprimir eso, cuando se reimprimió, puso: “Tiene talento”. Con lo cual la frase, desde luego, pierde todo.
En honor a la verdad, lo recordado por Gálvez y Borges es cierto pero no exacto. Al final del tomo IV de La Biblioteca publicado en 1897 se encuentra la presentación hecha por Groussac en la cual refiere a la vocación literaria y artística de Berisso, que ha sido, es y será colaborador literario de diarios y revistas: es su característica, que en Europa estuvo en contacto con los hombres y las cosas del arte, que desarrolló sus conocimientos literarios, cultivó su gusto, que acaso sea el único argentino que, después de los treinta años, cifre en las puras letras su mayor delicia y única ambición. Después de todo esto remató con un: Culto tan noble merecía y ha recibido su recompensa: el señor Berisso está en vísperas de tener talento.Así todo, como se ve lo escrito por Groussac fue mucho más cruel. Con talento, como con sentido común, se nace no se lo adquiere y si a alguien a quien le estaba publicando un trabajo lo presentó de ese modo, no fue más que para ejercer ese paternalismo burlón, siempre presente en su comportamiento como autor y como crítico.