por Mariana Kozodij
“Persuadido el autor de que la censura de los errores y vicios humanos (aunque parece peculiar de la elocuencia y la poesía) puede ser también objeto de la pintura, ha escogido como asuntos proporcionados para su obra, entre la multitud de extravagancias y desaciertos que son comunes en toda sociedad civil y entre las preocupaciones y embustes vulgares, autorizados por la costumbre, aquellos que ha creído más aptos a suministrar materia para el ridículo y ejercitar al mismo tiempo la fantasía del artífice. Como la mayor parte de los objetos que en esta obra se representan son ideales, no sería temeridad creer que sus defectos hallarán tal vez mucha disculpa entre los inteligentes.
Considerando que el autor no ha seguido los ejemplos de otro ni ha podido copiar tampoco de la Naturaleza, y si el imitarla es tan difícil, como admirable cuando se logra, no dejará de merecer alguna estimación el que apartándose enteramente de ella, ha tenido que exponer a los ojos formas y actitudes que sólo han existido hasta ahora en la mente humana oscurecida y confusa por la falta de la ilustración o avalorada con el desenfreno de las pasiones. Sería suponer demasiada ignorancia en las Bellas Artes el advertir al público que en ninguna de las composiciones que forman esta colección se ha propuesto el autor, para ridiculizar los defectos particulares, a uno u otro individuo; que sería en verdad estrechar demasiado los límites al talento y equivocar los medios de que se valen las artes de imitación para producir obras perfectas. La Pintura (como la Poesía) escoge lo universal, lo que juzga más a propósito para sus fines; reúne en un solo personaje fantástico y características que la Naturaleza presenta repartidos en muchos y de esta combinación, ingeniosamente dispuesta, resulta aquella feliz imitación, por la cual adquiere un buen artífice el título de inventor y no de un copiante servil(…)”
En el período de decadencia española en lo cultural, político y social, que se extiende desde fines del siglo XVIII y comienzos del XIX , la obra goyesca se caracterizó por escapar a las penurias del arte académico del momento, en un país atrasado y dominado por la alianza de la monarquía y la iglesia para expulsar a los árabes. Francisco de Goya y Lucientes deslizó sus manos hechas arte por un recorrido a través de diversos géneros como colorista sagaz, retratista brillante e irónico grabador.
Si bien la obra pictórica de Goya merece una especial consideración, son sus grabados, particularmente aquellos conocidos como la serie de Los Caprichos, los que dan cuenta, así como lo hizo Dante, de una visión goyesca del mundo, una sátira de la sociedad civil, su razón y sus vicios.
Francisco Pompey escribe “La palabra capricho significa, en general, para el vulgo una crítica escrita para el más corto de vista(…)”. Por otro lado, María Lourdes Sanz señala: “Según el Diccionario de la Real Academia de 1780, “capricho” hacía referencia a algo hecho por la fuerza del ingenio más que por el seguimiento de las reglas del arte”. Y es por ello que el pintor español decidió llamar así a esta serie de grabados donde su esencia moralista y filosófica salió a la luz no sólo para dar cuenta de su realidad circundante sino también para hacer una profunda reflexión sobre la misma. El valor de la obra de este artista, que la época no terminó de asimilar y comprender, fue afirmándose luego de una vida intensa que culminó en 1828.
No fue Goya, ciertamente, el único que hizo de los caprichos de lo popular y especialmente de lo no popular parte de su obra. En Italia Canaletto y Tiépolo también grabaron sus propias críticas.
Pero fue en la España del siglo XVIII -donde las brujas y maleficios subsistían , y donde la Inquisición un tanto “más atenuada” siguió invocando a Dios para quemar a todo aquel sospechoso- el país en el que Goya palpó un mundo que escapaba a la pintura religiosa de cúpulas y a los retratos de marquesinas.
La colección de Los Caprichos , cuya primera edición recopilada aparece en 1799, fue publicada por la Calcografía Nacional debido a que Goya había ofrecido toda la colección de aguafuertes (que el público había ido conociendo de manera discontinua) al rey Carlos IV a cambio de una pensión. Extrañamente, en un período de grandes “evaluaciones” de las obras en busca de conjuros y demonios, los caprichos goyescos escaparon a las alusiones de algunas brujas con la reina y con otras figuras de la nobleza..
Los Caprichos tienen varios aspectos; el primero es el de las consecuencias dedicado principalmente al sexo femenino, entre ellos se encuentran “A caza de dientes”; “La descañoña”, “ No grites, tonta ”; “ No te escaparás ” en este último, Goya grabó a un bella jovencita que vistiendo ropas que resaltan sus opulentos atractivos, intenta huir, perseguida por unos pajarracos semi humanos que se disponen a atraparla por los hombros. Al pie de dicho grabado Goya no sin malicia escribió: “ Nunca se escapa la que se quiere dejar coger”. Otras estampas que hacen referencia a las “viejas” y sus consejos amorosos son “Bien tirada” y “Hasta la muerte” .
Esta serie esconde también una de las culpas de Goya y su tormentosa e ilícita relación con la duquesa María Teresa de Alba casada con el duque de Alba al que Goya también retrató. Se trataba de una relación, plagada por los celos y las moralinas del pintor de cuarenta años también casado, que por sus remordimientos decidió plasmar a su amante en la lámina “ Tántalo”, donde una hermosa mujer con los rasgos corporales y fisonómicos de la duquesa está desmayada (pero con párpados entrecerrados por los que se filtra una mirada vigilante) sobre las rodillas de un hombre (Goya) que desesperado se retuerce las manos.
El grabador español escribió: “Si fuera más galante y un poco menos fastidioso… ella se reanimaría”. Goya hacía referencia a un encuentro fugaz en Sanlúcar con la duquesa, de veintico años, cuyo rostro puede vislumbrarse en varias láminas de la serie. Encuentro, que debido a un accidente en el camino, le produjo a Goya una sordera de un oído. Esta sordera, según remarcan las anécdotas de la época, marcaron un cambio en el carácter del artista y lo volvieron más apasionado en sus palabras y en la manera de observar el mundo.
El segundo aspecto de la colección de Los Caprichos se dedica a realizar una crítica de aquellos hombres cuyas vidas parecen situarse en el mundo oficial del arte, la ciencia sin ser para Goya más que simples oportunistas mediocres y donde el país es: “entregado a manos de los ignorantes ”. Algunas de las láminas son “¿De que mal morirá…?” ; “¿Está Vm…?” ; “¡Qué pico de oro!” , entre otras.
“En Los Caprichos se encuentran todos los elementos de la novela picaresca: bandidos, aventureros, mujeres ligeras, maridos y amantes engañados. Así va el mundo; nadie se conoce; todo es mentira son los leit-motivs de las estampas goyescas” .
Un tercer grupo de la serie de grabados es el dedicado a atacar a la ignorancia, la hipocresía, el fanatismo y la avaricia, que podrían ser incluidos dentro de un grupo mayor denominado como “de las malas costumbres”como por ejemplo “Y se le quema la casa” donde Goya bosquejó a un borracho y anotó: “Ni acertará a quitarse los calzones, ni dejar de hablar con el candil, hasta que las bombas de la villa le refresquen. ¡tanto puede el vino!”.
Otro aspecto que el pintor no dejó de criticar fue el de las fallas en la educación por el que exclamó: “Abuso funesto de la primera educación. Hacer que un niño tenga más miedo al coco que a su padre y obligarle a temer lo que no existe ”. Este pensamiento se cristalizó en grabados como “Que viene el coco” y “¡Se quebró el cántaro!” .
Pero Goya fue más lejos con sus caprichos en “No hubo remedio” donde, invirtiendo los roles, grabó en aguafuerte a una mujer condenada por la Inquisición que muestra un rostro cuya expresión es claramente humana ante una multitud mosntruosa y viciosa; ávida de presenciar la condena.
Por último, es imposible obviar la lámina conocida como “El sueño de la razón produce monstruos” , donde claramente puede verse al propio Goya mostrando su fuente de inspiración en ensueños. Las leyenda del grabado, innecesaria como en tantas otras láminas, cuya expresividad hacen obtusas las palabras, señala: “La fantasía abandonada por la razón produce monstruos imposibles, unida a ella, es la madre de las artes y produce maravillas”.
La publicación de los ochenta grabados – aunque existen más de cien-correspondientes a Los Caprichos fue anunciada en el Diario , boletín de la época. Esta edición quedó sólo unos días a disposición del público; ya que un cuarto de siglo más tarde, Goya confesaría que fue acusado por algunos nobles al Santo Oficio pero que logró “salvar su pellejo” gracias a su audacia de ofrecer los grabados al rey Carlos IV.
Dentro del mundo del arte, la serie de Los Caprichos , si bien no fue apreciada en vida del pintor, abrió paso al arte moderno, ya que Goya creó una nueva forma de entender la belleza y la sociedad a través de la crítica social.
Escribirá Charles Baudelaire en las Flores del Mal: “Goya, pesadilla colmada de cosas deconocidas, / de fetos cocinados en medio del alquelarre , / de viejas que se miran al espejo y de niñas desnudas/ que tientan al demonio ajustándose las medias”.
Francisco José de Goya y Lucientes no sólo fue un “caprichoso”, sino un fustigador de su sociedad y de sus propias debilidades.
Ceán Bermudez: Prólogo a Los caprichos (versión original). En el original Goya en lugar de ejercitar escribe exercitar y en el caso de ejemplo dice exemplo .
Vida y Obra Goya: La España de Goya y Larra ; Centro Editor de América Latina (1971),Bs. As Pág. 138
Secta religiosa de España que fue condenada por la Inquisición como satánica, y que es representada por Goya a través de un macho cabrío.
BIBLIOGRAFÍA
• Vida y Obra Goya: La España de Goya y Larra ; Centro Editor de América Latina (1971),Bs. As
• Portal Fuenterrebollo, Numismática, filatelía: “Biografía de Goya”
• “Los Caprichos” de Goya, vicios humanos plasmados en metal , María Lourdes Sanz