por Leonardo Sai
“Abandone totalmente lo que usted pueda pensar,
Si es que tiene algún signo o decir algo especial,
No pretenda tanta suerte, nadie lo va a escuchar,
No notan la diferencia: lo que ocurre de verdad...”
El Carpo Napolitano. “Longchamps Boggie”
El caminar Travesti. Ello se contorsiona, ello transita, ello se esconde: ello explota en todas partes. La noche es el temor de los lobos: convoca la certeza de Hobbes. El éxtasis divino es química, entre los curiosos autos circulares, los árboles y el placer desesperado: las calles rojas erigen la micro-economía de los cuerpos desobedientes. Lou Reed no era un turista. Su mirada, canción, captura la pasión del antropólogo de las urbes: cierto voyeurismo. Una experiencia maquina con otra como la soldadura de un camino ininterrumpido. Lo primero que se ve es acción: los cuerpos caminan. Una teatralidad sobreexpuesta, una pasividad exagerada. Sin embargo el cuerpo es rígido, duro: plasticidad y rudeza. El trasvesti fascina sórdidamente. Travesti vestido de secretaria, con anteojos, mini-falda. “Acá mandamos nosotras”: el travesti diagrama su micro-poder territorial. Palermo oscurece y un áspero goce emerge contra los árboles de la familia dormida. El territorio travesti fluye y su límite es el amanecer. En ese instante, la belleza producto del sufrimiento y la alteración cierra los ojos. Mientras se dispersan, el viejo compra su diario argentino: “Rajen de acá, putos de mierda”.
Mal de Tango. Hace poco el esforzado filósofo Tomás Abraham presentaba el nuevo libro de otro filósofo argentino Gustavo Varela. Gustavo Varela emprende la labor nietzscheana de pensar la genealogía moral de una música que construye su identidad al tiempo que marca el espacio social, por eso mercancía exportadora y turismo. ¿Cómo se adiciona, se cruza, el discurso moral a una música de origen prostibulario? Varela sostiene que el tango emerge porque tiene algo que decir sobre sí y se afirma en su singularidad, es decir, no se construye en contra sino que enuncia lo que vive en él. ¿Bajo que fuerzas se resignifica el Tango? Son preguntas de una pasión filosófico-social. Gustavo Varela es un pensador urbano y su paladar filosófico la bajeza filosófica: pensador que husmea la podredumbre disimulada por la pastoral ciudadana. Nos re-encontramos hace poco en una librería, le refería mi inquietud por esa voluntad documentalista del realismo. El realismo es el arte de las escenas mínimas, cotidianas, veraces. El realismo hace de la vida un montaje para la creación. “El Bonaerense” es como el “American Psycho” de Ellis, nacido en el interior, devenido yuta en el conurbano. Varela me decía “ El arte contemporáneo es un arte desesperado, un intento desesperado de decir lo que nos pasa...”
La cultura dominante y su reconocimiento. Pensar lo villero del tejido social no supone la alabanza socialista de la “resistencia popular”. Los dominados oponen su “mal gusto” o su “falta de gusto” al gusto dominante; de modo, quizás muy relativo, sacan partido de su aislamiento, exacerban su ignorancia, la sordera al sistema educativo: vuelve contra aquello mismo que los excluye: expresa la voluntad de afirmarse en lo que es, voluntad simple y tenaz de no dar el brazo a torcer, de elegir lo que se tiene y no lo que se nos niega, es decir, el reflejo vital de preferir cueste lo que cueste lo propio a lo que nos rechaza. Esto al mismo tiempo irrita a la derecha de modo obvio y se aleja aún más de la compasión izquierdista que busca convertir a las masas al arte culto. Los dominados se dividen en dos: quienes rechazan lo que los rechaza y quienes le hacen reverencia cultural a los “modelos” vehiculizados por la mass media. Para Weber el poder es amorfo, es una probabilidad en la relación social de influir o hacer ceder una resistencia: los grupos dominados son sometidos a una pedagogía que les hace saber acerca de la ilegitimidad de su cultura vernácula. Al mismo tiempo, las clases medias y medias altas se divierten, se encaran, se chamuyan, en discos, fiestas de 15, cumpleaños, fiestas privadas, asados, bajo el baile de la música popular. No es la primera vez que escucho: “escucho cumbia villera en el boliche, pero en casa no... ni en pedo...”
Mario Diament. Es un cronista del american dream. Retoma bajo la forma de columna en el diario La Nación (según el sutil D'Elía a propósito de su subdirector “un vocero de la oligarquía vacuna con olor a bosta”) el quehacer periodístico del diabólico novelista Tom Wolfe: lo demasiado humano de los poderosos norteamericanos. Cuenta que una agencia (FDA) que regula medicamentos suspendió el uso de siliconas en 1992 ya que causa lupus y esclerodermia. Acaba de recomendar que se vuelvan a autorizar, pero los implantes fabricados por la empresa Mentor Corp. Nos informa que aun con la veda un cuarto de millón de norteamericanas se somenten anualmente, y las adolescentes las demandan como regalito de graduación. Papi concede. Los sociólogos advierten que la cultura erótica en América es frontal; a la latinoamericana y africana nos erotiza el consabido culo y para los japoneses: LA NUCA . En los Estados Unidos a partir de los 13 años las niñas estadounidenses reciben presiones para que ofrezcan una apariencia de experiencia sexual y sofisticación: la palabra virgen equivale a un insulto y la palabra “tener una cita” es aún más anticuada que la palabra proletariado o perversión. Hace falta solo una seña. El auge del feminismo facilitó la vida sexual del hombre al punto de volverlo pasivo: algunas mujeres están convencidas de que “deben ser” tan activas como los hombres. Ellos aceptan ya que los libera de cualquier responsabilidad y obligación de ser caballeros. Del romanticismo al sexo divertido. Esto se mezcla con un ideal social imperante: hay que aparentar tener 23 años y vestir como si no se pasara los 13. Tom Wolfe dice que el sexo moderno es antierótico si por erótico entendemos el vuelo de la fantasía o la progresión romántica. El sexo —sostiene— es una presión que afecta a todos. Importa poco lo que Wolfe considere erótico. Lo que sí es interesante es la manera en que descubre una interacción entre sexo y status social.
Moralistas. Mientras tanto —en la argentina posdefault– el personal de servicio nómade vía agencias de empleo constituyen los “san Cayetano” de los basureros: restos de la noche agitada y la protestante clasificación weberiana:
• “La juventud” vía Tetra dormida en las paradas de colectivo —el tipo ideal lo suministra Lucas Prodan en “Amanecer en el Abasto”, ¿recuerden el “Resero”?
• Los que orinan portones—el tipo ideal en las salidas de las canchas de fútbol. En particular, cerca de Plaza Italia, en el corazón de la Metrópolis.
• Los que vomitan en el colectivo —el tipo ideal de Bilis en el cuerpo del Chofer.
• Los que le tocan la cola a la chica que viene de trabajar su turno noche —el tipo ideal es “la apoyadita” estilo subterráneo japonés
• Las peleas callejeras como espectáculo esperado —el tipo ideal es una especie de “Fight Club” resentido por el “rebote” femenino y viceversa.
• Quienes provocan a la policía porque es políticamente correcto —el tipo ideal son los sketchs en Cha, Cha, Cha.
La cumbia y las raves son fiestas y pasiones populares no digeribles por cierta moralidad ciudadana. El arte pertenece a la fiesta: incluye la Burla a los espíritus de Seriedad. Lamentablemente, la pregunta de Lenin para muchos se responde en la primera media hora de Trainspotting. Nihilismo Real. Poscromagñon, el terreno esta fértil para que nos adoctrinen:
• la ausencia de compromiso político (la misa revolucionaria)
• la ausencia de moral y valores (las misas sociológicas de los Grondonas)
• la ausencia de Estado de Bienestar (la misa peronista)
• la ausencia de esfuerzo y proyecto individual para componer una vida (la misa liberal)
• la afirmación dionisíaca del arte, la fiesta que incluye el exceso y la insolencia (la misa nietzscheana)
• acerca de la esencia de la juventud (misa de vejestorios verdosos, divorciados, seniles y afines)
Es cierto que el estado anómico de nuestra sociedad invoca la eutanasia, y que el debate acerca de las drogas ya no es el debate sobre el uso del LSD para poetas y escritores que recetan formas de inspiración sino que es una discusión en el interior de una problemática social que incluye decisivamente lo que sucede en una villa miseria. La palabra “droga” es abstracta. Mezclar lavandina con cerveza es envenenamiento puro. Fugarse del trabajo cotidiano, de la rutina, y de lo que muchos reducen a “realidad” forma parte de un aprendizaje en la perspectiva, implica un descanso, un reposo, un suministro de energía: puede ser un mini ritual místico en formato hogareño, una pastilla el sábado, la “autoconciencia” hegeliana o simplemente pochoclo, cine y Shooping —para alimentar papers de los nuevos/as Beatrices Sarlos del mañana. El puritanismo es ascetismo dirigido a los otros para mejor satisfacer libertades propias. Griterío contra objetos y prácticas de deseo social: es quien pide mano dura mientras acaricia la rodilla de quien podría ser su nieta.
El Peso de la verdad. “La estabilidad cambió los hábitos de la familia. La gente pudo realizar compras en coutas, desde electrodomésticos hasta automóviles. Poco a poco, reapareció la posibilidad de acceder a una vivienda a través del crédito a largo plazo, algo que la inflación había hecho posible...” “Para que la estabilidad de los precios se mantenga por décadas en la Argentina es muy importante que en la discusión de la desocupación y de la pobreza no se vuelva a engañar a la gente con el argumento de una política monetaria activa y discrecional puede ayudar a resolver esos problemas. Afortunadamente, los argentinos estamos cada vez más preparados para advertir que sería un engaño” “Puede ser paradójico que sea el propio ahorro familiar el mecanismo de finanaciamiento de la creación de nuevos empleos...” El desapego de una sociedad a una política —que debió ser meramente transitoria— tensiona la textura psíquica de una megalomanía y dibuja el rostro de Domingo Felipe Cavallo: la voluntad de poder que encarnó el deseo de una mayoría.
Esa noción “deseo de una mayoría” en lugar de cumplir una función de denuncia debe servir, en todo caso, para plantear el problema del poder.
El 13 de julio del 2001, su asesor, Guillermo Mondino decía: “No hay problema, los bancos están muy sólidos. Nadie va a cometer la locura de tocar los depósitos” “Vamos a invitar a los gobernadores a que se sumen a este esfuerzo. Es momento de tomar el toro por las astas y que todo el mundo cobre un poquito menos, pero que todo el mundo cobre” “Cavallo es un chico que cuando se sentó en el autito va a manejarlo y manejarlo y manejarlo, y no hay forma de bajarlo. Pero no lo va a romper” En algo tenía razón nuestro copiloto “La realidad se impone sobre la fé” (página 12, julio 2001)
En este planeta urbano el sol volverá a bendecirnos con su luz por la mañana.
Corría el año 2005.