por Gabriela D'Odorico
Checoslovaquia, abril de 1945, campo de concentración de Terezin, un puñado de almas quebrantadas por la enfermedad acaba de llegar. Vienen del campo de Flöha en Saxe recientemente evacuado por la presión aliada. Son pocos, están extenuados y acaban de salvarse tanto del abandono a su suerte como del fusilamiento rápido. Dos estudiantes checos se ocupan del cuidado de estos espectros, uno de ellos detecta a un tal Desnos. Con cierta sorpresa pregunta al enfermo si conoce al poeta francés Robert Desnos. La respuesta es “Si, si! Robert Desnos, poeta francés, soy yo! Soy yo!” Habían pasado casi dos años de encierro antes de que alguien volviera a reconocerlo como poeta, pero ya era tarde. A Robert Desnos lo mató la segunda guerra mundial, la ocupación alemana en Francia, el gobierno de Vichy, la resistencia clandestina contra Hitler, los campos de concentración de Auschwitz, Buchenwald y Flöha, el colapso del hospital militar ruso en Terezin, el tifus a días de haber recuperado su libertad. Sin embargo, mucho antes de que se produjera su muerte la mañana del 8 de junio de 1945, había dejado escrita su voluntad en versos: “pondréis en mi tumba un salvavidas porque uno nunca sabe.” Sobre su cadáver se encontró un último poema dedicado a su mujer Youki “Tanto amé tu sombra, que ya nada me queda de ti.” Muy lejos estaban aquellos días en los que su infancia y su adolescencia transcurrían sin sobresaltos en el popular y pintoresco barrio Les Halles, el que impregnó de extraña fragancia su escritura. En el acto de entrega de sus cenizas, Paul Éluard dijo: “La poesía de Desnos es la poesía del coraje. Él posee todas las audacias posibles de pensamiento y de expresión. Él va hacia el amor, hacia la vida, hacia la muerte sin dudar jamás.”
Robert Desnos, nacido en 1900, se vinculó con el surrealismo a través de Péret, quien le presentó a Breton. Dentro de este movimiento, fundamentalmente poético, Desnos fue uno de los más dotados y de los que más ratificaron el espíritu surrealista, “lo que el poeta tiene para decir está dirigido a todos.” Se volcó permanentemente a una literatura que refleja la experiencia en los límites, utilizando la escritura automática, relatos de sueños, creación verbal bajo hipnosis y hasta el trance mediúmnico: Esta última era una actividad iniciada por Crevel y de la que Breton da cuenta en su artículo “Entrada de los mediums”. Allí, Breton ve a un profeta del surrealismo que ofrece un verdadero laboratorio de experimentación con el lenguaje. Denominado en esa época “Robert el diablo” por Aragon escribe los conocidos Cuerpos y bienes y La libertad o el amor , obra que escandaliza hasta la censura de una narración denominada “Club de bebedores de esperma.” Son de la misma época los textos titulados Rrose Sélavy en homenaje al personaje imaginario creado por Duchamp y originados, según Desnos, en la comunicación telepática entre ambos.
Para Robert Desnos la “poesía delirante y lúcida”, la poesía ideal, está atravesada por una misma obsesión: el amor y la muerte. Artaud confesó sentirse conmocionado por la emotividad de los poemas de amor de Desnos, especialmente los de la serie A la misteriosa . Junto con Aragon, Artaud, Breton, Crevel, Eluard, Leiris, Péret, Queneau y Soupault firma la declaración colectiva en enero de 1925 en la que se define al surrealismo como un movimiento contra la literatura, un medio de liberación y “un grito del espíritu que se vuelve hacia sí mismo decidido a pulverizar desesperadamente sus trabas.” Para Desnos el amor es una pasión que exalta todos los mecanismos de la vida y en la que el vivir cobra sentido, es una fusión entre el concepto romántico de lo sublime y el erotismo.
Ya Nietzsche había escandalizado en el Siglo XIX con la crítica a la racionalidad como un proceso de afirmación de valores que sólo pueden producir obediencia a los significados cristalizados que presenta el orden en el cual estamos inmersos. Esa humanidad racional, especialmente representada por el hombre de la ilustración moderna caracterizado por filósofos como Kant, es incompleta, gris y vacía de un contenido originado en la libertad creadora.. El devenir posible hacia una vida cuyo único valor sea el de la póiesis (creación libre) sólo podría encontrarse más allá de la racionalidad mecánica y obediente y de la moral de la tradición Occidental. El arte pasa a ser, para el filósofo alemán, un proceso de gestación que dará nacimiento a un hombre capaz de integrar a su vida práctica el acto creativo, que se materializa, especialmente, en la expresión artística. Dice Nietzsche “El hombre se olvida de sí mismo como sujeto y, por cierto, como sujeto artísticamente creador , vive con cierta calma, seguridad y consecuencia; si pudiera salir, aunque sólo fuese un instante, fuera de los muros de esa creencia que lo tiene prisionero, se terminaría en el acto su ‘conciencia de sí mismo'.” Robert Desnos no sólo logra salir de esa creencia habitual acerca de la seguridad que otorga la conciencia, sino que su obra es una puesta en práctica de la libertad en la vida artísticamente creadora. Para el poeta francés, libertad y amor son términos casi intercambiables que definen esencialmente al hombre. Así lo testimonia el título de uno de sus conocidos libros del período surrealista, La libertad o el amor .
A partir de 1927 Desnos debilita progresivamente sus vínculos con el núcleo duro del surrealismo, representado principalmente por Breton, Aragon, Eluard y Péret. Mientras este grupo manifestaba públicamente su decisión por la militancia en el Partido Comunista, Desnos sostenía que la actividad política partidaria atentaba contra la libertad a la que invita la poesía surrealista. Para la época del Segundo Manifiesto del Surrealismo (1929), con la ruptura consumada, Breton dedica unas seis páginas a justificar por qué “una gran complacencia hacia sí mismo es esencialmente lo que le reprocho a Desnos."
La crisis que atraviesa Francia en esos años empuja a Desnos al trabajo como periodista en revistas de actualidad, a la redacción de avisos publicitarios, a incursionar en la radio, a escribir guiones cinematográficos y hasta convertirse en empleado inmobiliario. Mientras tanto, su posición frente a la política, es fundamentalmente anti-partidaria. Algunos críticos lo definieron como un radical-socialista enamorado de la libertad y del humanismo para quien el compromiso político es creciente hacia los años 30. En 1934 adhiere a movimientos intelectuales antifacistas como la “Asociación de Escritores y Artistas Revolucionarios” o el “Comité de vigilancia de Intelectuales antifacistas”. Se apasiona por la cultura de España a partir del impacto que recibe por la Guerra Civil Española, abandona su posición pacifista por las amenazas que representa la política internacional, y afirma que Francia debe prepararse para la guerra en defensa de su independencia, su cultura y su territorio obstaculizando de este modo al facismo. Escribe en 1938 “Yo canto esta noche no lo que debemos combatir/ sino lo que debemos defender/ los placeres de la vida/ el vino que se bebe con los camaradas/ el amor.” Combate después de la declaración de guerra y escribe en 1940 “Decidí retirar de la guerra toda la felicidad que ella podría darme: la prueba de la salud, de la juventud y la inestimable satisfacción de abominar a Hitler”. Dice descubrir la mentalidad derrotista del pasado y se enfrenta a la debacle y a la derrota para tener que retornar a una París ocupada.
Allí la vida no será fácil ya que sus actividades radiofónicas serán espaciadas y rigurosamente vigiladas. Desnos acepta entrar como jefe de informaciones en un importante diario que rápidamente se convierte en una pieza clave para la ocupación alemana. Tuvo que devenir Pierre Antier, Cancale o Valentin Guillois, sus seudónimos para escribir en la clandestinidad hasta 1943, ya que “una multitud de guardianes persigue a una mariposa inofensiva fugada del asilo”. Así puede cumplir funciones de resistencia que consisten, por un lado en proveer de información a la prensa clandestina y por otro, redactar y fabricar piezas que puedan ayudar a los miembros de las redes de resistencia.
Los años de la guerra le permiten volver a la actividad literaria que había interrumpido en 1934. En 1942 publica libros como Fortunas , El vino esta servido , Estado de vigilia , Contrariado , El baño con Andrómeda , Treinta Canto-fábulas para los niños sabios , Félix Labisse , La plaza de la estrella, La calle de la felicidad, Los tres solitarios y Sobre el erotismo considerado en sus manifestaciones escritas. En un último poema dedicado a su amada Youki concluía con un extraño optimismo “Sólo me queda ser la sombra entre las sombras / ser cien veces más sombra que la sombra / ser la sombra que retornará y retornará siempre / en tu vida llena de sol”
En febrero de 1944 con el arresto en su domicilio comienza su calvario: “Al final todo es tan absolutamente inútil, a ti y a mí muy cerca nos espera la muerte”, firmado: Desnos. ¿Conocerá el autor de esta cita al poeta francés Robert Desnos? Somos varios los que obstinadamente afinamos nuestro oído, en sueños o en conversación telepática, para volver a oír exclamar el “si soy yo” que descubra al poeta al acecho de la pregunta. A su vez nosotros, experimentaríamos conmocionados, que la poesía de Desnos es capaz de conjurar la muerte..