jueves, 19 de junio de 2008

“No sabemos crear de la nada pero podríamos hacerlo desde el caos”

por Victor Malumián

Alfred Jarry 1873-1907

En la noche del 10 de diciembre de 1896 antes del estreno de Ubú Rey, interpretada en el teatro de marionetas de Pierre Bonnard, su creador preludia la obra “Seréis libre de ver en el señor Ubú las múltiples alusiones que queráis, o un simple fantoche, la deformación por un alumno de uno de sus profesores, quien representa para él todo lo grotesco que hay en el mundo” . A los dieciocho años de edad decidió conocer París y se estableció en un pequeño cuarto de hotel con el único fin de preparar el ingreso a la Escuela Superior. Después de fracasar en tres intentos consecutivos se despide de su frustrada ambición y comienza una serie de cursos en Sorbona dictados por Bergson. No todo es penuria en su vida, hacia 1893 gana el premio de prosa del Ècho de Paris littéraire illustré por Guigol .

El estreno de Ubú causó fue repudiado por la clase media francesa. La causa del disgusto no se fundó en su vocabulario escatológico ni en el desfalco a la moral y las buenas costumbres de la época; tampoco a en su escenografía primitiva y minimalista sino en el crudo reflejo de las actitudes de una clase ahogada en sus ambiciones por escalar la pendiente social . Para entender la magnitud del escándalo sólo basta recordar que la obra fue exhibida apenas dos veces mientras su autor tuvo vida. El personaje de Ubú, que nace como burla a un desagradable profesor de física llamado Félix Fréderic Hébert, creció incesante a la par del alcoholismo de su creador y se convirtió en Ubú en la colina , Ubú Cornudo y Ubú Encadenado .

Jarry conoció a Marcel Schwob y gracias a ese encuentro entró en el mundo literario parisino. Con el afán de subsistir mediante el ejercicio de las letras colaboró con revistas como L´Art Littéraire y La Revue Blanche donde se publica en 1987 Ubú Cornudo . En la Argentina , pocas revistas difundieron su peculiar pensamiento, entre ellas Airón revista literaria y teatral fundada en 1960. Alfred, aún entre los vanguardistas de las tertulias literarias, era considerado un excéntrico. A mediados del año 1895, cansado de colaborar en revistas ajenas decide fundar una fastuosa revista llamada Perhinderion que alcanzó la publicación del segundo número al agotar todo su capital heredado. Su pasar económico se limita a colaboraciones y esporádicas traducciones hasta que Lugné-Poe le propone ser su asistente en el Théâtre de l´Euvre .

“Patafísicos son aquellos que hacen de manera conciente lo que los demás hacen de manera inconciente”.

Los orígenes del libro gestas y opiniones del doctor Faustroll apelan a un universo cercano a la matriz de Rabelais y los mundos disímiles de Swift. Su nombre nos remonta a otras condiciones de producción, al menos dos Faustos se fusionan en él. Hallamos el Fausto de Christopher Marlowe, anhelante de una sabiduría que aún no vislumbra y la ironizada versión de Goethe que trueca su alma por la satisfacción de un deseo. La segunda parte del nombre; troll nos remite a la tradición nórdica sobre la cual ya hemos sido iluminados por la obsesión de Borges. Curiosa influencia habrá surtido una obra de teatro de Ibsen llamada Peer Gynt en la cual Jarry interpretó a un troll.

“A manera de corbata se pasó al cuello el insigne cordón de la gran Gidouille , orden de su propia invención, y por él patentada, para que no se la soplen”. Otro ejemplo de su lenguaje escatológico. La orden de la Gran-Gidouille se lee por primera vez en el almanaque de Ubú de 1899 y de 1901 . La etimología de Gidouille tiene su origen en “guedouille” o “guedouffle” que en francés antiguo significa aceitera de dos ampollas. Rabelais la utilizó como metáfora obscena al transformar las dos ampollas en dos aparatos: el genital y el digestivo para simbolizar el apetito de ambos. El espiral que nace en el ombligo del Padre Ubú y se extiende hasta cubrir todo su abdomen no es trivial, se puede identificar con el avance del deseo sobre la razón y la mesura. La Madre Ubú tampoco escapa a esta lógica, es ella quien decide dejar de lado cualquier pensamiento sensato para saciar su codicia.

“Un epifenómeno es lo que sobreañade de un fenómeno. Como el epifenómeno es a menudo el accidente, la Patafísica será la ciencia de los accidentes. ”

Hacia 1893, Jarry le concede a Père Ubú la invención de la ciencia de las ciencias; la Patafísica. Confiesa que su descubrimiento fue más una necesidad que un capricho del azar. En el segundo capítulo de Gestas y opiniones se lee: “ La Patafísica (…) es la ciencia que se añade a la metafísica, bien sea en sí misma, bien sea fuera de sí misma, y se extiende más allá de ésta, tan lejos como ésta se encuentra de la física (…) La Patafísica es la ciencia de las soluciones imaginarias que atribuye simbólicamente a los lineamientos las propiedades de los objetos descriptos por su virtualidad”.

Dos nociones, la de equivalencia y la de clinamen o ligera declinación de los átomos en su caída se tornan indispensables para entender por completo esta ciencia. La equivalencia de los contrarios, por medio de la cual se declaraban semejantes, lo sublime y lo grosero, el amor absoluto con la obscenidad, la gracia espiritual con la embriaguez, Enmanuele Dieu con Úbu. Esta equivalencia es la vuelta de tuerca que logra en los escritos de Jarry la noción de circularidad nítida en frases como: “la ciencia que se basa en las excepciones, porque la regla es una excepción a la excepción. Por lo tanto, todo se convierte en Patafísica”

La dialéctica Patafísica se enrolla en sí misma como el ombligo úbico. Se encarga del mundo que rige las excepciones, de ese universo que se obvia todos los días. Esta ciencia, que algunos incautos han puesto en duda, brindó inventos tan originales como necesarios, entre ellos encontramos a una máquina de viento para transportar a todo un ejército o un automóvil que arrastre a un caballo y la máquina para quedar inmóvil.

En relación con el concepto de clinamen Jarry escribe “En vez de anunciar la ley de caída de los cuerpos hacia un centro, ¿por qué no se prefiere la del ascenso del vacío como unidad de no densidad, hipótesis mucho menos arbitraria que la elección de la unidad concreta de densidad positiva del agua?” . La vida de este término no es exigua, se remonta hasta el poeta latino Lucrecio quien lo utilizó para traducir parenklisis , el concepto del filósofo Epicuro que hace referencia al concepto de declinación . Los átomos cuyo movimiento es eterno, están regidos por el clinamen, el cual los une e impide su dispersión.

François Caradec acude a nuestra ayuda en el análisis de la etimología misma “Jarry escribió la palabra Patafísica con un apóstrofo. De este modo, sabe perfectamente lo que hace. Evita el fácil juego de palabras: ¿qué pensaríamos de la ciencia si la palbra se escrbiera ¡Epa!-ra-la-física o ¡Epa!-ra-el-físico? [juego homofónico en francés con “épater” que es sorprender]. Además y contrariamente a la opinión del diccionario profesional Littré, elige precederla de un apóstrofo y no una apóstrofe, lo que hubiese provocado otro juego de palabras: la Patafísica no apostrofa a nadie”. La Patafísica no se agota en Jarry, en una suerte de título irónico al Collége de France Sainmont, Saillet, Quenau entre otros fundan en 1948 el Collége de Pataphysique.

“Las palabras, poliedros de ideas”

Esta cita extraída de Les minutes de sable mémorial ejemplifican otra de las ideas de Jarry. Él creía que las palabras concurrían simultáneamente en tres dimensiones: el sentido, el sonido y la grafía. Este concepto no es nuevo. Algunos años antes, Pierce pulía el sistema ternario de significado. Este sistema está compuesto por el objeto, el interpretante y el representamen. Mediante esta tríada se logra una dimensión para la representación del objeto, otra para el objeto en sí y otra más para el posicionamiento del objeto en el momento discursivo; su interpretación.


Notas

1 Publicado en facsimíl autógrafo en el tomo XXI de Vers et Prose (Abril, Mayo, Junio de 1910).

2 En 1922 el crítico Jean de Gourmont proclamaba al Padre Ubú como símbolo de la ferocidad burguesa

3 Ilustrado por Pierre Bonnard

4 Esta original interpretación figura en el prólogo que realizó Elina Montes a la edición de Jarry Alfred, “Gestas y opiniones del doctor Faustroll, patafísico”, Atuel, 2004, Buenos Aires.

5 Jarry, Alfred Gestas y opiniones del Doctor Faustroll, Patafísico, Buenos Aires, Atuel, 2001.

6 Caradec, François À la recherche de Alfred Jarry , París, Éditions Seghers, 1974, pág. 90.