jueves, 19 de junio de 2008

El secreto erótico de un sótano argentino

por Mariana Kozodij

“No hay otra manera de pintar la lucha que siendo la lucha misma”

Su mirada se pierde en el tiempo de sus grandes manos de uñas rotas, mientras la fuerza de su cuerpo hace vibrar sus expresiones que estallan en un carnaval de colores.

Así supo verse David Alfaro Siqueiros, derrochando paletas de matices en un arte que dio identidad a su amado pueblo mexicano. Un arte que fue Monumental, Heroico e Histórico, con sus vetas y crisoles de períodos en penumbras.

Siqueiros nació en 1886 en el desierto de Chihuahua, zona de México en el límite con los Estados Unidos, donde Doroteo Arango, más tarde conocido como Pancho Villa, supo luchar contra la injusticia de su tiempo.

Siqueiros: un hombre-pintor nacido en zona de lucha que no evitó ser parte de la misma en ningún momento a lo largo de su vida.

Su tesón, vocación y visión de su presente hicieron que con sólo quince años, mientras estudiaba en la Academia de Bellas Artes de su país, participara en una huelga que fue conocida como “político-pedagógica” de los estudiantes, dando origen al movimiento mexicano, llamado Moderno Arte Social .

Siqueiros no dudó y en 1914 ingresó en el ejército revolucionario de Emiliano Zapata, lo cual no impidió que el hombre-pintor siguiera desarrollando su capacidad artística y así cuatro años más tarde, en 1918, participó en el Congreso de Artistas Soldados, marcando el comienzo de su lucha y enseñanza cívica a través de su obra.

Pero una de las oportunidades que le regaló el destino fue la de obtener una ansiada beca para ir a Europa. Siqueiros partió no sólo con paletas de colores sino que también partió con ideas hacia la cuna de la bohemia. París le ofreció su mundo artístico, fue allí donde estudió a Cezanne y a Picasso; maestros de la rebeldía y de su propia pedagogía.

En Europa entró en contacto con Diego Rivera, su compatriota, y juntos crearon la idea de una pintura Monumental y Heroica donde lo figurativo da cuenta de lo histórico y viceversa. En 1922 de regreso a su nido, ambos pintores dan vida y color a la pintura Mural Mexicana junto con José Clemente Orozco formaron lo que se conoce en el mundo como "la trilogía de grandes muralistas de México", cuya obra es reconocida a nivel universal.

En 1923 Siqueiros fue nombrado Secretario General del Sindicato de Pintores y Grabadores Revolucionarios ; un año más tarde incursionó en la escritura y fundó el semanario El Machete. Su escritura no sólo se limitó a la militancia sino que también se interesó en dejar notas sobre sus experiencias artísticas.

Su participación en congresos internacionales hicieron de Siqueiros presa fácil y finalmente se vio forzado al exilio en la Argentina.

Fueron luchas que lo llevaron a refugiarse en la Argentina en 1933 como exiliado político por haber sido controvertido y contestatario, por su ideología marxista-leninista, y por haber sido promotor de huelgas obreras y de gruesos ataques al Partido Revolucionario Institucional (PRI).

El más joven e innovador de los tres muralistas mexicanos llegó a estas costas rioplatenses tras haber sido expulsado de los Estados Unidos en 1932. Desembarcó en Montevideo donde conoció a su esposa y ya en Buenos Aires refugió su arte y compartió sus ideas con figuras tan dispares como el poeta Oliverio Girondo, la escritora Victoria Ocampo y el empresario periodístico Natalio Botana.

Pocos argentinos conocieron que el muralista mexicano había llegado al país para refugiarse en Don Torcuato, más precisamente en la casa quinta “Los Granados” del excéntrico Natalio Botana dueño del diario Crítica , durante la presidencia del General Agustín P. Justo.

Y menos argentinos aún, tuvieron acceso al hecho de que Siqueiros dejó su huella, una única y diferente a lo largo de toda su obra pictórica, en el sótano argentino de la casa de Botana.

Ella mira desde el suelo, mientras su cabellera roja ya desteñida por el paso del tiempo, se ondula frente a un viento inexistente. Y mientras las formas de su cuerpo se ofrecen en un fantasmagórico baile de erotismo.

Tal vez, elegir un espacio subterráneo era la única manera de resguardar un mural donde lo combativo para el pueblo y lo pedagógico para los gobernantes no se encontraban presentes como en el resto de su obra. Un mural oculto en la privacidad de la pasión y en el marco de paredes, piso y techo de un sótano; de aproximadamente ocho metros de largo por tres metros de alto. Un mural influenciado por lo cinético del ruso Serguei Eisenstein quien había compartido tardes a la sombra mexicna con Siqueiros.

La obra del sótano, conocida como “Ejercicio plástico”, rompió de alguna manera con la continuidad de una fuerte connotación política y social que había marcado la expresión de Siqueiros hasta ese momento.

“Ejercicio plástico” permitía que quien entrara a ese lugar oscuro e íntimo como suele ser un sótano, se encontrara envuelto en un mundo femenino fuera de la realidad circundante. Un mundo del que Siqueiros no deseó ser único partícipe y por ello invitó a colaborar en su mural a artistas argentinos comprometidos como Antonio Berni, Lino Eneas Spilimbergo, Juan Castañino (1) y Enrique Lázaro (2).

Este había sido el intento de formar un movimiento muralista argentino. Un intento que fue imposible de concretarse inmediatamente dadas las condiciones políticas nacionales. Siqueiros fue expulsado del país por asistir a una reunión sindical, contraviniendo las restricciones que le impuso la policía porteña , junto a la Liga Patriótica . Por lo tanto, idea y obra- a pesar de numerosas manifestaciones de artistas argentinos en apoyo al muralista- fueron sepultadas bajo las sombras del sótano de Botana.

Las mujeres se retuercen en un baile hecho abrazo en las paredes, techo y piso de un mundo donde sólo se respira lo femenino.

Mientras pintaba Siqueiros alternaba sus tardes con conferencias a las que había sido invitado por Victoria Ocampo. “Para despistar a aquellos que veían en él a un “agitador bolchevique”, Siqueiros anunció una “inocente” conferencia sobre El Giotto, ideólogo del cristianismo . Se trataba de un elíptico rodeo para defender el carácter social del muralismo(…)La Legión Cívica, precedida por una brigada del Colegio Militar, recorría las calles porteñas haciendo el saludo fascista al mando del teniente coronel Emilio Kinkelin, y la Liga Patriótica amenazó públicamente con quemar las salas de la entidad Amigos del Arte, donde Siqueiros había iniciado su ciclo de conferencias” (3)

Pero el paso del muralista mexicano por nuestro país también tuvo sinsabores y cuentan las malas lenguas, que Botana había ofrecido como pago al pintor sólo comida y techo. Y peor aun se comentaba por la época que el módico pago era en realidad una excusa del empresario argentino para entretener al mexicano en el sótano y así seducir en el piso superior de la quinta de Don Torcuato a la mujer de Siqueiros, una joven intelectual comunista uruguaya.

Los hechos demuestran que cuando el pintor abandonó nuestro país, lo hizo sin más dinero del que había traído con él, sin mural y sin su esposa Blanca Brun.

La creación del mural tuvo lugar en 1933 pero recién en 1942 cuando Natalio Botana falleció en un accidente automovilístico comenzaron los rumores en torno a la obra considerada, años más tarde, el ejercicio plástico más importante de la pintura mural del siglo XX.

En 1950, los herederos de Botana se desprendieron de la quinta de Don Torcuato, La mansión –mural incluido– pasó por diferentes manos: el ingeniero Alvaro Alsogaray, el escribano Miguel Jorge Vadel y una em presa, Picla S.A. Finalmente, en 1988 la compró el coleccionista y restaurador Héctor Mendizábal, quien decidió desmontar el mural para convertirlo en una “obra itinerante” El mural empezó a ser mutilado…. sí a ser cortado! en siete bloques para embalarlo y colocarlo en cuatro contenedores con una supuesta primera escala en el húmedo puerto de Buenos Aires y una segunda parada en Estados Unidos posiblemente con destino al Metropolitan Museum.

Pero nunca llegó a ningún puerto. Una larga historia de sucesivos tropiezos judiciales mantiene al mural en contenedores, cuatro de ellos al aire libre, donde sus colores se pierden en la telaraña del tiempo y en la gota de cada lluvia.

Los datos que se habían escurrido por los medios en 1991 hablaban que la tasación de la obra “Ejercicio Plástico” (sin devaluación de por medio) era de 500.000 pesos. También, ese mismo año, se conoció que se había realizado un convenio entre la Comisión de Museos, Monumentos y Lugares Históricos de la Argentina y una empresa llamada “Seville S.A.” con el objeto de permitir que la obra “Ejercicio plástico” sólo pudiera salir de nuestro país por un período máximo de dos años y así ser expuesta de forma itinerante.

Luego de la quiebra de la empresa “Seville S.A.” sus acreedores reclamaron la obra, pero se encontraron con la sorpresa de que había sido vendida a una compañía radicada en un paraíso fiscal, por lo que el mural se almacenó inadecuadamente mientras se resolvía el conflicto.

El mural permanece encerrado desde entonces en un predio de la ciudad de San Justo, preso de un complejo proceso judicial que avanza a paso lento.

Lo cierto es que hubo protestas de artistas que se presentaron ante la UNESCO para evitar que el mural de Siqueiros saliera de la Argentina.

¿Qué sucedió? ¿Noticias concretas, o que desean serlo? Noticias que se pierden en una maraña de rumores que señalan que los trozos- porque después de todo la obra fue trozada en bloques- se descascaran en contenedores en un terreno en San Justo. Donde la humedad y las chorreaduras lavan los colores de un mural único dentro de una obra monumental, heroica e histórica como lo fue la del mexicano David Alfaro Siqueiros.

Falleció en 1974, en Cuernavaca, luego de luchas y años de penumbras en cárceles que no impidieron que su obra se pintara en la monumentalidad del tiempo.

NOTAS

1- Por ese entonces estudiante de arquitectura. Fue convocado en 1962 por el escribano Miguel Jorge Vadel para restaurar “Ejercicio plástico” ya por ese entonces dañado.

2- Escenógrafo uruguayo encargado de manejar aerógrafos y aparatos eléctricos en reemplazo del uso tradicional del pincel en la pintura de murales.

3- Alberto Giudisi: en “La medusa de la discordia”

Bibliografía consultada

BARDINI, ROBERTO: “Siqueiros en Buenos Aires”, para Argenpress, publicado el 28/06/2003 www.guiacultural.com

BERATZ, BETTY: “Siqueiros pintó para nosotros” en Espacio Cultural Gob. Pcia de Bs. As, Número 16 junio/julio Año V - Bs. As, 1999.

EIZAGA, AMALIA: “Mal diagnóstico para el mural de Siqueiros” en Archivos La Nación: www.lanacion.com.ar

GIUDISI, ALBERTO: “La medusa de la Discordia”, en El Arca, 47/48