miércoles, 23 de julio de 2008

Dinamita o el elemento sano teme ser expropiado.


por Victor Malumián


En 1916 asumió la presidencia el radical Hipólito Yrigoyen con una política pendular hacia las huelgas, que osciló entre la represión y la conciliación obligatoria. Continuó la matriz de pensamiento reaccionario que olvidaba la posibilidad de una reivindicación obrera y que observaba la represión como una decisión deseable. Dadas estas condiciones sus contemporáneos juzgaron las intervenciones de Hipólito como blandas. La clase dominante argentina sintió la suma de una cruenta crisis económica de mercado causada por la posguerra y el pánico a la expropiación de los medios de producción ante la reciente Revolución Rusa.

En el otro polo de la escala social, inmersos en un cuadro de incertidumbre provocado por la desocupación , los trabajadores metalúrgicos de la fábrica de Pedro Vasena entraron en la historia de la mano de una huelga por mejoras salariales , reducción de la jornada laboral de 11 a 8 horas, descanso dominical y la reincorporación de los compañeros despedidos.

El movimiento obrero estaba escindido en dos agrupaciones mayoritarias, la Federación Obrera Regional Argentina sindicalista y la anarquista denominadas también como del Décimo Congreso y del Quinto por la ideología definida durante esas disertaciones. La primera agrupación dialogaba con el gobierno en una abierta negociación de posturas. Gracias a su política, en los últimos cuatro años, se había beneficiado con un crecimiento inesperado de 20.000 afiliados en 1915 a 500.000 en 1919, aumento que repercutió en su poder de negociación. La segunda agrupación tomó una posición más cercana a las medidas de fuerza, las huelgas generales y la negativa a negociar sus demandas.

El principio histórico del conflicto nació el 2 de diciembre de 1918 cuando 800 obreros de la fábrica se declararon en huelga y Vasena decidió despedir a gran parte de los huelguistas. La Asociación del Trabajo, presidida por Joaquín S. Anchorena, junto a la Liga Patriótica encabezada por Manuel Carlés le ofrecieron a la directiva de la fábrica Vasena terminar con la huelga. Los obreros respondieron el amable ofrecimiento de los rompe huelgas al prender fuego el auto del jefe de policía.

Martes 7 de enero

Caía la tarde en el barrio de Pompeya y los obreros en huelga esperaban su turno. Cinco camionetas manejadas por rompehuelgas y obreros no adheridos bordearon el piquete en la intersección de la avenida Amancio Alcorta y la calle Pepirí. Los obreros intentaron detenerlas y las chatas se negaron. Cuando pasó la última de las cinco, los obreros comenzaron a lanzarles piedras.

Alfredo Vasena, el gerente de la fábrica, era precavido. El 4 de marzo había intimado al Ministro del Interior para que le enviara personal policial a la fábrica porque sospechaba que sus obreros querían comenzar una revolución . Apostada en el techo de una fábrica vecina la policía y los bomberos enviados por el Ministro dispararon durante dos horas al grupo de obreros. Al primer disparo, los obreros acompañados de sus mujeres e hijos corrieron a guarecerse . A los policías se sumaron los rompehuelgas que se posicionaron cuerpo a tierra en las plazoletas de avenida Alcota. Cuatro obreros muertos y cuarenta heridos marcaron con su sangre el comienzo de la matanza. La vanguardia , periódico del partido socialista, aseguró en uno de sus artículos que en realidad la policía mató y enterró a 30 obreros , un resultado más verídico si se toma en cuenta la extensión de la balacera. Otros historiadores, como David Rock, sostienen que la matanza a manos de la policía fue una venganza en forma de emboscada . Ese mismo día la FORA anarquista llamó a la huelga general y obligó al país a tomar una posición frente a la violenta represión.

Miércoles 8 de enero

Los piquetes de obreros recorren las calles en busca de adhesión a la huelga. La Protesta, órgano oficial de difusión de la FORA Vº Congreso publicaba: “Cerramos esta crónica haciendo un llamado a todas las organizaciones obreras de la ciudad. Sin falta, trabajadores, vengad este crimen. Dinamita hace falta ahora más que nunca. Esto no puede morir en silencio […] el pueblo no ha de dejarse matar como mansa bestia. Incendiad, destruid sin miramientos, obreros. Frente al crimen de la justicia histórica, la violencia del pueblo como única e inmediata consecuencia y solución” .

Jueves 9 de enero

Por la mañana, un portón de la fábrica Vasena ardió ante 5000 obreros de diversos sectores que al ver el arribo del jefe de policía con la intención de calmar el ambiente volcaron el auto que conducía y apuñalaron al oficial que lo acompañaba llamado Vicente Chávez. En el funeral en honor a Chávez, el Jefe de policía declara “La situación por la que se atraviesa no debe alarmar al elemento sano: las fuerzas de esta capital son suficientes para restablecer la normalidad. Es necesario, sólo, la cooperación de los ciudadanos; por ineludible deber patriótico no interrumpir la actividad diaria, denunciar a los malos elementos, para que sufran la justa sanción que su inicua conducta los hace acreedores” .

La policía toma sus recaudos e incentiva a sus fieles con un aumento sobre sus haberes del veinte por ciento . Mientras que los uniformados festejaban la noticia la Liga Patriótica, en un alarde de su impunidad, destruyó la imprenta del diario anarquista. Al aumento de la policía y la destrucción de sus medios de impresión los anarquistas, lejos de verse intimidados, respondieron con tácticas de combate urbano. Grupos de niños merodeaban con simulada ingenuidad por las comisarías predestinadas a un enfrentamiento nocturno para romper el alumbrado público y adjudicarle cierta ventaja estratégica a los grupos anarquistas. La elección de las comisarías se basaba en los obreros detenidos, aunque nunca se logró una liberación exitosa por la falta de armamento por parte de los grupos anarquistas; en más de una ocasión el miedo se apoderó de los policías acuartelados.

El grado de histeria colectiva se había generalizado entre los policías. A las veintiún horas, cuando sonaron cerca del Congreso Nacional algunos disparos y la tropa acuartelada en el Departamento Central de Policía creyó que era el inicio de un combate, José Romariz relata “Al sonar los primeros tiros, no se supo disparados por quién, uno de los sargentos de servicio, por propia determinación, corrió al tablero de las llaves de luz y las cerró dejando a oscuras a todo el edificio [...] la batahola se hizo infernal. Los agentes corrían desesperadamente haciendo fuego al aire; los oficiales al salir de las oficinas para asumir el mando tenían que refugiarse en el casino pues no sólo les era imposible dominar el tumulto, sino que hasta se veían en peligro de ser muertos por las balas que disparaban en todo sentido las tropas dominadas por el pánico” .

El entierro de las víctimas partió de la fábrica a las 15 hs., en una procesión que acompañaron más de 200.000 personas bajo la escrupulosa mirada de una legión de obreros que esperaba en conventillos y hoteles familiares el desenlace entre las fuerzas policíacas y los anarquistas. La peregrinación fue precedida por un automóvil con miembros de la FORA sindicalista y más de 100 guardias armados, para defenderse de la policía, que marcharon a pie. Algunas armerías fueron saqueadas, las cajas registradoras quedaron intactas. Este detalle muestra una clara intención en su accionar. Las iglesias conocieron la ira de los obreros, la policía adivinó las intenciones de los huelguistas y esperó agazapada en la iglesia del sagrado corazón de Jesús. Al entrar los obreros, la policía disparó y mató a varios huelguistas para evitar que los obreros rompieran bancos y esculturas.

Los tiroteos acosaron la columna durante todo el trayecto pero la masacre se desató en el cementerio de la Chacarita a las 17 hs. Mientras los oradores se dirigían a la multitud, mujeres y niños mueren sin explicación. Algunos diarios como La Prensa afirman que doce personas fueron encontradas sin vida. En cambio, el periódico La vanguardia registra que el resultado de la represión superó los cincuenta cadáveres. Entre los tiradores escondidos detrás del muro del cementerio se distingue al hijo de Pedro Vasena y según el testimonio de Diego Abad de Santillán, quien supo ser dirigente de la FORA Vº congreso, entre los jóvenes oficiales del ejército que reprimieron a los manifestantes se encontraba un teniente que luego sería presidente: Juan Domingo Perón.

Durante la noche la FORA sindicalista decidió formalmente convocar una huelga general en una actitud cercana a la obligación que impulsa un hecho consumado, ya que la ciudad se encontraba literalmente paralizada. Los cruces entre las distintas corrientes políticas empezaron desde la editorial que publicó el partido socialista en La vanguardia con el deseo de realizar una marcha “prudente y sensata”. Los anarquistas en cambio celebraron el ánimo del pueblo “propicio para la revolución”.

Viernes 10

El delta del tigre observó pasivo la deportación de extranjeros a la isla Martín García al evocar la ley de residencia. Aquellos que la crearon, entendieron rápidamente que el movimiento obrero se había formado en base a los inmigrantes, y juzgaron de importancia tener una herramienta de control que expulsara a todo aquello que calificaban como indeseable.

Yrigoyen nombró un nuevo jefe de policía llamado Elpidio González, agente de su mayor confianza, con el deseo de controlar el estallido social. No tardó en convertirse en el títere del general Dellepiane gracias a la intervención de sus tropas conformadas por más de 30.000 soldados. Una vez militarizada la ciudad, Dellepiane olvidó que no debe alzarse en contra de sus compatriotas y reclamó ser nombrado jefe militar al instalarse en el cuartel general de policía. En las esquinas, mientras los militares palpaban de armas a ciudadanos elegidos al azar, era usual escuchar discusiones para abastecerse de productos de primera necesidad, a causa del paro de los sectores transportistas algunos productos comenzaron a escasear. Los piquetes de obreros eran perseguidos por policías entre tranvías abandonados. Dellepiane convocó una conferencia de prensa y declaró que si es necesario emplazaría la artillería en la plaza del Congreso y haría tronar los cañones en toda la ciudad. En el diario La Nación de la fecha se lee la advertencia del jefe militar “un escarmiento que se recordaran durante 50 años”.

La nefasta Liga Patriota, esta horda de represores que pontifica el orden civil, subvencionada con el aporte patronal puso a disposición sus servicios represivos. Comenzó un rastrillaje de conventillos y zonas de escaso poder adquisitivo en busca de judíos y rusos con la irrisoria excusa de que eran parte de una revolución, como si los anarquistas y los bolcheviques compartieran la misma ideología. Es paradójico el destino de algunos inmigrantes judíos que habían arribado a la Argentina para escapar de la Revolución Rusa y en nuestro país los perseguían por presuntos bolcheviques. También se perseguía a los catalanes por juzgarlos anarquistas. La Liga Patriótica criticaba la posición “blanda” de Yrigoyen que llevaría a la Argentina al caos anárquico. Algunos historiadores aseguran que ese antisemitismo visceral era una sugerencia de la oligarquía eclesiástica que conformó las cúpulas de la agrupación de ultra derecha junto al Jockey Club y el Círculo Naval.

La ciudad estaba presa de un estado de sitio no declarado, a la vez que el parlamento demoraba la discusión con la intención de actuar una vez que los hechos se hubieran consumado. El Diario La Prensa relata “La parte nordeste de la ciudad conocida como barrio ruso […] ha sido objeto en estos últimos tres días, de escenas trágicas que ha costado la vida de algunos soldados del ejército y a muchos civiles. Conociéndose lo peligroso que era ese barrio, por la cantidad de elementos de ideas avanzadas que se habían infiltrado entre parte de la población tranquila, se extremó allí la vigilancia y los soldados fueron víctimas de agresiones desde el primer momento” .

Sábado 11

Llegó la culminación de las extensas tratativas para que Yrigoyen se entrevistara con Vasena y el embajador inglés para forzarlos a aceptar la voluntad de los trabajadores. Aunque la mayoría de los puntos serían renegociados y varios de los presos políticos vieron su libertad diluirse en promesas incumplidas. La FORA sindicalista ansiosa de levantar la huelga, para no arruinar su fluido dialogo con el gobierno, dictaminó esa misma noche su final. Sólo algunos sindicatos acataron la orden como los gráficos, ebanistas, canillitas y empleados del Estado. La FORA anarquista decidió extender la huelga hasta lograr la libertad de Simón Radowitzk, quien cumplía prisión perpetua en Ushuaia por darle muerte al jefe de policía Ramón Falcón el 17 de noviembre de 1908.

Lunes 13

Una huelga suspendida de palabra y una ciudad sin transportes que obligó a los trabajadores a quedarse en su casa. Las reivindicaciones de los principales sindicatos continuaban incumplidas, por lo tanto empleados marítimos, ferroviarios y de transporte en general continuaron con la huelga. Por la noche, sistemáticamente los dirigentes anarquistas comenzaron a caer presos sistemáticamente, lo que conllevó a la lenta reincorporación al trabajo de lo obreros y la desintegración de las medidas de fuerza. Cabe recordar que existen cartas fechadas el 22 de enero, firmadas por más de mil obreros que le piden al Ministro del Interior que obligue a Pedro Vasena a cumplir los aumentos estipulados. El miércoles 15 tras 1500 muertos, 4300 heridos y más de 32.000 detenidos, la ciudad de Buenos Aires olía a café con leche y medialunas.

En 1918 la desocupación alcanzó el 10,8% en comparación a su promedio histórico que era del 5% dato extraído de la Revista de Economía Argentina, Bs. As. 1920, t. IV, año 2, Nº1.

Las mejoras se basaban en el aumento de la hora trabajada de 50 a 65 centavos y la eliminación del trabajo a destajo.

La empresa empleaba un total de 2500 personas entre empleados y obreros. Ver Babini, Nicolás: “La semana trágica” en Todo es historia , Bs. As., año 1, Nº 5.

Quién sería más tarde el abogado de Marcelo T. De Alvear

La Prensa, 5 de enero de 1919.

La Nación del 8 de enero agrega que eran aproximadamente las 16:25hs.

La vanguardia en su emisión correspondiente al 16 de febrero de 1919.

Rock, David, El radicalismo argentino , Ed. Amorrortu, Bs. As., 1997, pp.174.

Godio, Julio, La semana trágica de enero de 1919 , Buenos Aires, Hyspamérica, 1986.

La Prensa, 6 de enero de 1919. Archivo general de la Nación.

El sueldo promedio de los policías era de 125 pesos, fuente: Archivo general de la nación.

Entre las comisarías atacadas se encuentra al 4ta, 6ta, 8va y 9na.

Romariz, José: La semana trágica. Relato de los hechos sangrientos del año 1919, Bs. As., Ed. Hemisferio, 1952, p.141.

Armería Juan Picasso en la av. San Juan al 3900

La Prensa, 13 de enero de 1919. Archivo General de la Nación.

La fábrica tenía capitales ingleses invetidos.