lunes, 16 de junio de 2008

Entrevista a Alberto Laiseca

Alberto Laiseca: "Poe estaba muy equivocado"
Entrevista por Víctor Malumián

Desde el umbral del edificio se escucha el timbre quejándose en un departamento de la calle San José de Calazans; nadie responde. En el oscuro pasillo se recorta la figura de un hombre alto y de caminar templado. Alberto Laiseca nació en los suburbios de Rosario, en 1941, pero se crió en la exigua localidad cordobesa de Camilo Aldao. Realizó diferentes oficios golondrina que lo pasearon por distintas provincias del Norte.

Mientras elaboraba sus textos dedicó seis años de su vida como empleado telefónico y durante otros diez fue corrector de pruebas en el diario La Razón. Lai, como le dicen Ricardo Piglia y el resto de sus amigos, se muestra tan alto como afable. Sus enormes bigotes se descorren como un telón antiguo revelando una sonrisa exagerada y unos dientes afectados por el cigarrillo. Abre la puerta de su casa e inmediatamente percibimos algo diferente: sus tres gatos, Greta, Lenin y Chop salen a nuestro encuentro como si fueran perros que están obligados a recibirnos, en cambio, su perro se mantiene distante y enigmático.

Sus dedos son largos y amarillentos; siempre sostienen un cigarrillo encendido. Intentó estudiar ingeniería, pero abandonó y se volvió un autodidacta, desde la física cuántica y la economía, hasta la astrología y la historia de los Sumerios. Se proclama pagano y politeísta. El cenicero está abarrotado de cigarrillos y una infaltable botella de cerveza descansa vacía sobre el escritorio.
¿Cómo es el proceso creativo?Bueno, ese es uno de los grandes misterios. Él único que pretendió haberlo revelado fue Edgar Allan Poe y estaba muy equivocado, cuando dijo que había hecho todo "El Cuervo" de una manera cerebral -respira profundamente y luego califica- es un delirio. Nadie le creyó, yo tampoco. El proceso creativo es una cosa muy extraña, muy misteriosa, en la medida que uno intenta detectarlo, ahí se jode todo. No se puede seguir un proceso determinado. En realidad, uno no sabe de donde le vienen las ideas, de las cosas que uno ha vivido, de las desesperaciones, de la cultura que tiene, de los deseos sobre todo. Pero si vos me preguntas por un proceso definido, no. No hay. No existe. Escribo mejor de noche, soy lo que los astrólogos llaman un hombre lunar. Cuando sale nuestra madre, la Luna, nos da mucha fuerza, pero eso tiene su precio: el cuerpo apela a una energía extra que se gasta y uno se cansa demasiado, por lo que trato de escribir de día.

La gorda Dorys no cree en la teoría del "Big Bang" ¿Cómo se filtra su pensamiento en ese personaje?
Ah si, yo tampoco creo en eso. Claro que me identifico mucho con la gorda y ahora que estoy panzón más -se mira la panza, ríe cómplice y continúa- cuando lo escribí era flaco, pero ahora que estoy panzón me siento completamente identificado. Yo creo que es una de esas ideas de tipo totalitario que están muy de moda y sobretodo en boga, pienso que la creación es otra cosa, la creación del universo es muy distinta de la que nos imaginamos. Pienso que son fuerzas descentralizadas. Hay muchas ideas totalitarias que intentan dar un orden comprensible a las cosas, por ejemplo la unificación de la física, las cuatro fuerzas, el electromagnetismo, fuerzas fuertes y débiles y por supuesto la gravitación. Yo no creo que se puedan unir, son fuerzas colaborantes pero descentralizadas. Lo mismo que su origen, no es único, a tal hora, a tal día a tal fecha, ¡tac! Empezó todo. No creo en nada de eso.

¿Cuándo relee sus libros reconoce la influencia de algún escritor en particular?
Pues mi querido amigo quién no ha sido influido, todos cargamos una enorme deuda, todos. Qué sé yo qué le debo a Oscar Wilde, por ejemplo, al propio Poe, Edgar Allan, ¿no? Una mujer que me formó mucho a mí es una escritora norteamericana que acá ni se la conoce, se llama Ayn Rand, escribió "El Manantial", "La Rebelión de Atlas", "Lo que vivimos", esa mujer pienso que estaba muy equivocada en muchas cosas pero a mí que me importa. Las cosas buenas y positivas que me dio, esas me las dio. Esa mujer me dio la fuerza de vivir a mí.

En relación a esto que conversábamos de cómo se transforman los personajes en el "alter ego" del autor, en el "gusano máximo de la vida" describe una infancia aterradora ¿Cuánto tiene que ver con la suya?.
Si, mucho, Yo siempre que hablo de la infancia tomo cosas verdaderas de mi vida, eso seguro. Y si, tuve una infancia bastante totalitaria, yo siempre digo que viví en la Unión Soviética. Mi padre era Jhosep Visainovich Vlasvili Stalin, lógicamente el único refugio que yo tenía era la imaginación, era el único lugar donde era libre, después era un soldadito del consumo. Tenía que cumplir órdenes absurdas, órdenes contradictorias, castigos absurdos. No quiero hablar de eso ya bastante he hablado en mis novelas -ríe con ganas-.

¿Cómo se le explica el "realismo delirante" a un lector que todavía no ha pasado por las armas de Laiseca?
Mire, a mí me interesa mucho la realidad, nunca la pierdo de vista. Uso el delirio, en primer lugar como arma, como un proceso para ganar tiempo. Si escribimos una cosa lineal también se puede decir lo que uno piensa pero ahorra tiempo el delirio, las distorsiones de la realidad y las exageraciones. Uno lo que hace es que a la realidad se la pueda ver con un fuerte foco, como con una lupa, entonces lo mío es delirio pero no solo, sino delirio delirante. Yo siempre suelo citar el caso de Raymond Russel que me gusta mucho, pero no es lo que yo haría. Por ejemplo, "Impresiones de África" de este mismo autor, es simplemente delicioso. Esas máquinas absurdas que fabrica pero, posiblemente, debajo vemos un gran nihilismo por parte de Russel. Aclaro, yo no soy nihilista. Entonces me interesa la realidad, el delirio también. Fabrico máquinas absurdas y procedimientos absurdos pero sin nihilismo y con un profundo respeto por la realidad.

¿Cómo fue la preparación para escribir "Los Soria"? Tenemos entendido que tuvo que asesorarse en cuanto cuestiones de suministros, tácticas y fabricaciones militares.
Ah, si. Empecé con la industria pesada y luego continué con las ciencias militares. Todavía tengo los libros de los oficiales retirados que compré en las librerías de viejo. Seguramente cuando un oficial se moría la familia que no le interesaba esos textos los vendía ahí por la avenida de Mayo. Por otra parte también leí íntegra la obra de Von Clausevitz de la guerra, pero no los leía como quién lee al pato Donald. Era una lectura como si yo fuera a entrar a la milicia, como si fuera un oficial; sino, no tiene seriedad el escrito. Ve, ahí está, Los Soria es una novela muy delirante, con máquinas rarísimas y sin embargo ya ve como he respetado la realidad, porque las batallas están escritas desde el punto de vista militar, no hay cosas hechas al pedo dentro de la batalla. Pienso que un militar no tendría nada para decir, por que he estudiado mucho. No sólo eso, la adquisición de metales también ha sido estudiada.

¿Recuerda alguna anécdota que en su momento lo incomodó y ahora le causa gracia?
No recuerdo, y si algo me incomodó me sigue incomodando ahora, en ese sentido no cambio. Cada tanto uno se encuentra con algún loco. Recuerdo que hace mucho estábamos presentando con Ricardo Piglia uno de mis libros, y un loco empezó a los gritos a decirme cualquier cosa, de muy mal modo, sabe Ud. la gente lo echó a patadas. Me incomodó y supongo que también a Ricardo.

¿Recuerda sus primeras publicaciones?
Si, claro. Tamara Camense me dijo "Mirá Lai a mi me gusta mucho lo que vos escribís, te voy a presentar a dos personas al Gordo Soriano y a Tomás Eloy Martínez" que por aquel entonces ambos trabajaban en el viejo diario La Opinión de Timerman que quedaba en el micro centro. Tanto Soriano como Tomás Eloy Martínez gustaron mucho de mis cosas. Martínez me publicó fragmentitos de algunas cosas. Y Soriano directamente mi novela. A su turno la llevó a Corregidor. Con el espaldarazo del gordo me la publicaron. Así fue como empezó la cosa.

En la novela "La mujer en la muralla" se observa que el Estado Chino se deshumaniza paulatinamente, sucede lo contrario en "Los Soria" ¿por qué esa inversión?
Bueno, al Monitor lo inventé yo, es un personaje mío y a mí lo que me interesa es que la gente se humanice no se deshumanice. En cambio, el caso del Emperador Chino es la historia verdadera de él. Era un buen chico, hasta que se enteró que su madre cogía con su preceptor; y se rayó. De ahí empezó a ser cada vez más duro y más hijo de puta. El gusano también empezó siendo un hijo de puta y después se humaniza. Esas cosas tan humanas que tiene de ayudar al loco de la cripta… hay que ayudar a los demás también, ¿no?

Esto se relaciona con la construcción de la pirámide y los gastos que le representan al Faraón que toma una decisión radical con su hija.Todo cuesta, aquellos que construyeron las pirámides no eran esclavos como se dice por ahí. Las cosas habían que pagarlas, la mano se pagaba, no era esclava. Entonces decide prostituir a su hija para aumentar la recaudación. En las primeras dinastías egipcias casi no había esclavos en Egipto, si había eran muy pocos. Egipto se inundó de esclavos a partir de Tudmosis III, que era un rey guerrero. Pero hasta la quinta dinastía eran todos faraones constructores. Entonces ¿de donde voy a sacar esclavos? Tengo que invadir a otros países para conseguirlos. Se pueden comprar algunos pero son muy caros; es mucho más barato si voy al país vecino y traigo parte de la población como esclavos, es más sencillo.
¿Por qué para entender a los egipcios hay que volverse politeísta?Yo soy pagano, no soy monoteísta. Creo en los dioses grecorromanos, los afro-americanos y algunos dioses escandinavos.

¿Cómo surge la idea de inmiscuirse en el mundo televisivo?
Se le ocurrió a Gastón Luprat que hace mucho que es amigo mío y a Marcelo Khoen. Me vinieron a ver, antes yo vivía en San Telmo, y me dijeron "mirá Lai quisiéramos hacer una prueba porque nosotros pensamos que vos podes contar bien cuentos". Como acepté trajeron cámaras. Le aclaro, la idea fue de él. Entonces yo conté "La pata del mono" de W. Jacobson y salió muy lindo. Lo llevaron a I-Sat y así empezó todo. Llega un momento que el abanico de cuentos se termina y comienza un trabajo investigativo.

¿Cree que en la Argentina el reconocimiento a los escritores les llega un poco tarde?
Si, claro que llega tarde y nunca va a ser tanto como uno necesitaría, lo cual es peligroso para la obra. Yo se que mientras siga vivo, mas o menos me van a seguir dando pelota. El problema es cuando me muera si no he conseguido ser traducido va a ser peligroso para mi obra. Se murió Laiseca y veinte años más tarde escuchás "Laiseca, nunca oí hablar de él" y sino te nombran una sala Alberto Laiseca. Mi obra no gana nada con eso. Yo lo que quiero es que mi obra quede. La imaginación es lo más importante, porque la forma de escribir se puede corregir con lectura pero la originalidad no es algo que se encuentre por ahí.

Esa es una forma de volverse inmortal
Si, la única forma de hacerlo, mucho me temo.

Por último, ¿qué consejo le daría a los que se inician en la escritura?
Lo primero por lo que hay que preocuparse es por desarrollar una obra, un estilo propio y todas esas cosas. Hay un libro de Stephen King que se llama Mientras escribo es una especie de mezcla de consejos literarios y autobiografía. Me sorprendió mucho ese libro que es muy bueno porque dice dos de las tres cosas que siempre dije: no hay una isla secreta de las ideas, la única solución para escribir, para ser un escritor es leer más y escribir más. Eso es exactamente lo que yo había dicho siempre. Lo único que no dijo es esta tercera cosa, vivir más.

Libros de A. Laiseca
Su turno para morir (1976)
Matando enanos a garrotazos (1982)
Aventuras de un novelista atonal (1982)
Poemas chinos (1987)
La hija de Kheops (1989)
La mujer en la muralla (1990)
Por favor ¡plágienme! (1991)
El jardín de las máquinas parlantes (1993)
Los Soria (1998)
El gusano máximo de la vida misma (1999)