domingo, 31 de agosto de 2008

Juegos peligrosos



por Ximena Vergara

¿Monopoly y Risk o imperialismo y expansionismo,
que no es lo mismo, pero es igual?



Un bigotudo nada ingenuo

Parece una ironía que el juego que ya cumple más de cien años -aunque algunos afirmen setenta-, explique y delate harto más que cualquier análisis histórico serio la mentalidad yanqui de principios del siglo pasado. El juego norteamericano que ha vendido desde sus comienzos -1935- a esta parte, más de 150 mil ejemplares y que ha sido traducido a 15 idiomas, anuncia en su tapa, sutilmente, que es "el auténtico juego americano de intercambio de Bienes Raíces que obliga a pensar, razona; educa y entretiene sin límite de edad”. Sin embargo, su historia es más intrincada de lo que aparenta y está íntimamente ligada a los orígenes del expansionismo estadounidense. Para entender de qué estamos hablando: James Petras afirmaba “ya es hora de descartar la noción de que el imperialismo es un ‘fenómeno económico’ que puede analizarse observando simplemente el flujo de capital y el comportamiento de las empresas (...) el proyecto del Estado imperial requiere que se echen raíces en la sociedad para crear una infraestructura social y cultural que sostenga la base de la dominación externa que de otro modo será estrecha y frágil”. En 1884, José Martí advertía que el monopolio yanqui estaba sentado como un gigante implacable a la puerta de todos los pobres. Todo aquello que podía emprenderse estaba en manos de corporaciones invencibles . Decía de Jay Gould, quien en ese entonces poseía los ferrocarriles del suroeste del país, “abre vorágines, levanta montañas, desata océanos”; una buena táctica con la que puede enriquecerse aquél jugador que consiga hacerse de los cuatro ferrocarriles que figuran en el tablero. Infalible.
Con estos antecedentes, no sorprende que el juego cobrara vida hacia 1900. Sin embargo, fue inventado y patentado por una seguidora del economista George Henry, originario de Philadelphia, llamada Lizzie J. Magie. Esta joven cuáquera de Virginia intentó en 1903 explicar, aplicando la teoría que aquél economista enseñara desde 1869 en San Francisco circalo, el maleficio que implicaba el monopolio de las tierras. El juego se llamó “The landlord’s game”, y su objetivo era: “no sólo el divertimento de los jugadores, sino ilustrar cómo con ese sistema, el terrateniente tiene ventaja sobre los demás y cómo el impuesto singular disolvería la especulación”. Es decir, demostrar cómo se hacían ricos los dueños de propiedades especulando con rentas desproporcionadas. En 1933 un tal Charles Darrow, ingeniero en sistemas de calefacción de Pensylvania, desocupado, quizás basándose en la popularidad que por entonces ya gozaba el invento de Magie, ideó y patentó su versión hoy conocida como Monopoly; sus intenciones en aquel momento, eran más bien las de poner a competir a los jugadores en el enriquecimiento y el consecuente hundimiento de los oponentes en la bancarrota. En 1935 la firma Parker Brother’s compró ambas patentes, -la de Magie por quinientos dólares- e inició el comercio del producto que los salvaría de la crisis. Las reglas son una clara ilustración de la mentalidad americana de esos años:
-Se elegirá un banquero que sea también capaz de ser un buen subastador.
-El banco guarda además del dinero del banco, los títulos de propiedad, las casas y hoteles; subasta propiedades, puede comprar en cualquier momento o recuperar las casas y hoteles pagando a cambio su precio. Se le pagan al banco todas las adquisiciones, más contribuciones, multas, transacciones, préstamos e intereses.
-Sólo se puede pedir prestado dinero al banco mediante hipoteca de propiedades. Un jugador no puede pedir prestado dinero a otro jugador.
-EL BANCO NUNCA CAE EN BANCAROTA. SI SE QUEDARA SIN DINERO, PUEDE EMITIR TODA LA MONEDA PROPIA QUE NECESITE, CON SOLO ESCRIBIRLA SOBRE CUALQUIER PAPEL CORRIENTE.
Cualquier parecido con la realidad no parece ser mera coincidencia. El banco, hoy es mejor conocido como Banco Mundial, y tiene diversas sucursales: Fondo Monetario Internacional y Banco Interamericano de Desarrollo. Los tres, tratan de fragmentar los segmentos de las clases afectadas otorgando diversas ‘ayudas’ bajo el disfraz de programas de necesidades humanas. Intentan así, amortiguar las consecuencias más graves de las estructuras que vienen creando. Pero su caridad es engañosa, y fundamentalmente, selectiva. Los indigentes no figuran en las estadísticas, ni los planes nacionales suelen hacerse cargo de ellos. “Se ha negado -señalaba Petras-, asistencia a gobiernos populistas y socialistas que trataban de redestribuir el ingreso y nacionalizar la producción”. El Banco Mundial no otorgó a Salvador Allende ni un solo préstamo mientras que sí fluyeron 126.9 millones de dólares entre 1974 y el ’77, dictadura de Pinochet mediante, cuyo gobierno sí aceptaba abrir puertas a la explotación corporativa multinacional. Ninguna equivocación justifica este hecho, a diferencia de lo que suele aparecer en las tarjetitas “Arca Comunal” o “Casualidad” donde, increíblemente, los participantes del juego pueden beneficiarse con dividendos o “error del banco a favor de Ud., cobrar $200”. Se sabe: un poco de caridad está bien, pero nada es gratis. Así, figuran también tarjetas en donde “el hospital exige un pago de $100”. Me temo que lo lúdico al igual que la ficción tampoco suele superar la realidad…

Del campo al tablero ¿y del tablero?

Siguiendo con el mercado de los juegos, otro interesante y complementario es el Risk. Creado en 1950 por un francés, Alert Lamorisse, la primera versión fue puesta en venta en Francia en el ‘57 como “La Conquette Du Monde”. Este nuevo entretenimiento fue de agrado para la firma Parker Brother’s pero tenían dos quejas: el título y el alto grado de azar involucrado, hacía que el juego durara demasiado. Curiosa y falsa ironía: los norteamericanos no tenían tanta paciencia cuando se trataba de conquistas. Se puso en venta finalmente en 1959 con el objetivo de “conquistar el mundo, al ocupar todos los territorios y por tanto eliminar a todos los oponentes”. Este clásico de estrategia militar propone tres recomendaciones: 1- Conquistar continentes completos para así tener más armadas. 2- Vigilar a tus enemigos ya que siempre pueden estar planeando un ataque en tu contra y 3- fortificar tus territorios de fronteras para una mejor defensa. Resulta extraño que esta lúcida y para nada novedosa idea, haya tardado tanto en bosquejarse. Vale recordar que cuando el gobierno de James K. Polk le declaró la guerra a México en 1845, adujo que los mexicanos habían cruzado la frontera de EEUU y derramado sangre americana, en suelo americano. Una simple mentira piadosa que justificó la defensa de sus habitantes y, sobre todo, los ideales de la patria. Juegos caseros y no tan celebrados por todos que se vienen perpetrando desde aquellos tiempos a esta parte.

Moraleja

No sorprende que el actual líder cubano haya ordenado requisar y destruir cada uno de los ejemplares de Monopoly que había en la isla. Si bien el juego, por un lado, enseña o pone en práctica que las fortunas por muy grandes que sean no son eternas y que, para incrementarlas es necesario invertirlas correctamente, da cuenta también de que además de tener suerte de caer en la propiedad codiciada, los jugadores, ya de entrada, no poseen las mismas oportunidades: siempre hay alguien que juega / llega primero. Sin embargo, lo imprescindible es que, hacia el final del juego, para que uno se haga más rico, es necesario que otros se hagan más pobres. La pregunta que cabe es: ¿Podrán cambiarse las reglas del juego? O mejor, ¿No es hora ya de inventar otro?